viernes 30 de septiembre de 2011
jueves 29 de septiembre de 2011
La última morada
miércoles 28 de septiembre de 2011
Vallaure: el patrimonio y la cultura

De Emilio Marcos Vallaure siempre he valorado su defensa sin ambages del patrimonio artístico (el patrimonio es la “hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes”, según la RAE) y su impecable trayectoria como conservador del Museo de Bellas Artes de Asturias. Digo conservador, y no director, porque si algo caracterizó su dilatada carrera como máximo responsable del equipamiento fue eso: un conservadurismo rayano en la superstición que, si bien mantuvo en líneas generales la esencia de una de las principales pinacotecas de España, también hizo que ésta se apareciese en demasiadas ocasiones como una burbuja aislada en el tiempo y el espacio, desconectada de cualquier vínculo no ya con la ciudad que la acogía o la comunidad autónoma a la que representa (conozco a mucha gente que jamás ha puesto el pie allí, y hablo de gente con criterio y sensibilidad), sino también con los sucesivos momentos históricos que nos ha tocado vivir desde la llegada de la democracia. Vallaure era, en ese aspecto, un perfecto prototipo de guardián: esa figura legendaria encargada de velar por la incorruptibilidad de la guarida en la que habita, ocupándose con celo de mantener intacta su idiosincrasia y expulsando de allí a todo aquél susceptible de atentar contra un statu quo que cada vez se iba quedando más obsoleto. Tendría que romperme mucho la cabeza para recordar alguna publicación salida en estos últimos tiempos del Bellas Artes (a excepción de sus calendarios), no digamos ya para evocar algún texto salido del puño y letra del propio Vallaure, cuya escasa afición por la escritura -que él mismo ha reconocido en varias ocasiones- nos impide tener constancia impresa de una erudición que yo, debo añadir, no pongo en duda. Lo que quiero decir con todo esto es que Vallaure, con sus virtudes y sus defectos, era un tipo simpático, una especie de remake institucional de ese abuelo gruñón que vive en su propio mundo y sabe explicarlo como nadie, pero que rara vez se presta a entablar relación alguna con el exterior.
Lo que pasa es que a Vallaure -que con seguridad habría sido un excelente director general de Patrimonio- le han hecho consejero de Cultura, acaso porque Álvarez-Cascos no tuvo en cuenta que, igual que el hábito no hace al monje, un apellido ilustre no confiere las capacidades necesarias para gestionar un modelo que está en marcha y cuyos recovecos andan perpetuamente sometidos a unos cambios que exigen atención, permeabilidad y amplitud de miras, y ahí viene el problema. Vallaure es, básicamente, un señor que se pasó treinta años encerrado en un museo -con la connivencia y el apoyo repetido, digámoslo también, de ese PSOE al que tanto ataca últimamente- y que ahora tiene que poner orden en un batiburrillo que, me temo, ni conoce ni comprende. Y por mucho que todos estemos de acuerdo en que hay que conservar y proteger el Prerrománico, alguien debería explicarle que la cultura (que es, vuelvo a la RAE, el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grados de desarrollo artístico, científico, en una época, grupo social, etc.”) no termina ni en Santa María del Naranco ni en el Apostolado de El Greco y que, por suerte, sus formas y contenidos han evolucionado bastante desde el reinado de Alfonso II. Siguiendo la misma línea argumental que emplea el consejero en sus divagaciones, cualquiera podría decir que la existencia de Cervantes desacredita la posterior aparición de Joyce. Y no creo que nadie esté dispuesto a dar validez a una astracanada semejante.
Cuando uno tiene la misión de dirigir un museo, puede opinar lo que quiera (e incluso decirlo, si me apuran) de todo cuanto acontece más allá de sus puertas. Cuando tiene que hacerse cargo de un modelo cultural tan delicado como el asturiano, debe tener mucho tino y saber bien qué tiene entre manos antes de emitir juicios verbales y, lo que es más grave, menospreciar la labor de profesionales que no merecen los adjetivos que tan alegremente se fueron deslizando en la comparecencia parlamentaria en la que Vallaure ensalzó lo que conoce mientras se obstinaba en despreciar todo lo demás. Dudo mucho que el consejero se pasara por LABoral o el Niemeyer antes de tomar posesión de su nuevo cargo e ignoro si lo ha hecho desde entonces, aunque quiero creer que al menos habrá sentido curiosidad. Lo que sí sé es que un mandatario autonómico no puede despacharse a gusto contra lo que él llama “cultura del espectáculo”, ignorando que el espectáculo también forma parte de la cultura (y eso no es nuevo, ya ocurría en tiempos de Pelayo) y que el hecho de que él no disfrute o no sea capaz de asimilar las nuevas formas de expresión no implica que éstas no sean válidas, sobre todo cuando el complejo erigido a orillas de la ría avilesina se ha convertido en muy poco tiempo en un referente internacional y la macroinstalación artística adosada a la faraónica construcción de Luis Moya está considerada una de las más importantes de España en su especialidad. Como tampoco debe deducir que la programación cultural está mejor bajo la responsabilidad directa de los que mandan, sobre todo porque si algo hemos aprendido en lo que llevamos de democracia es que los cargos políticos no suelen recaer precisamente en los más listos de la clase y porque, esté quien esté al frente del cotarro, el Principado va a saber siempre qué subvención o qué ayudas concede o deja de conceder y, en consecuencia, podrá modificar las partidas a su antojo en las correspondientes revisiones anuales, con independencia de que el responsable sea afín al PSOE (y sospecho que por ahí van los tiros) o a cualquier otro partido. Ocurre que, en ese caso, la Consejería debería detallar el porqué de las correcciones presupuestarias, y con lo que llevamos visto no creo que Vallaure vaya sobrado de argumentos.
Pero no todo son malas noticias. Al menos, he sacado un par de conclusiones positivas de la comparecencia del consejero: le preocupan (igual que a mí) la ruina en que se está convirtiendo la colegiata de Teverga y el pésimo estado de San Antolín de Bedón y se muestra más interesado por los idiomas asturiano y gallego-asturiano que por el chino que con tanta gracia defendió su presidente en el pleno de investidura. No es raro si se tiene en cuenta que nuestras lenguas vernáculas son, al fin y al cabo, tan milenarias como San Julián de los Prados o La Foncalada, pero por estos pagos ya estamos curados de espantos y bien sabemos todos que la cosa podría ser peor. Ahora, al señor consejero sólo le falta comprender que, aunque el patrimonio forme parte de la cultura, la cultura no es sólo el patrimonio. Después, volveremos a cruzar los dedos.
La Voz de Asturias, 28 de septiembre de 2011
Foto: José Vallina
Entrevista en la cadena SER
martes 27 de septiembre de 2011
Robbie Egocheaga: como un cohete

Desde hace tiempo, llegaban pocas noticias de Los Cohetes, el grupo que Robbie Egocheaga (Gijón, 1972) fundó en 1989 junto a tres amigos “con los que crecí física y musicalmente” y que desde entonces había venido teniendo una trayectoria intermitente. Sus referencias discográficas, de hecho, no eran muy abundantes: tan sólo un EP de cuatro canciones que salió a la calle con el título de Acción y dos canciones editadas dentro de un volumen recopilatorio que aglutinaba a lo mejor del rockabilly patrio de los noventa. Ahora, a ese escueto inventario hay que sumar Live at the Savoy, un trabajo con el que Robbie relanza a su banda por todo lo alto y que, producido por el inefable Xel Pereda, recoge lo mejor del concierto que dieron en el antiguo Savoy Drinks&Music el 7 de septiembre de 2010.
“Teníamos mucha gana de volver a hacer algo juntos, y todos los discos que nos gustan son en directos”, dice Robbie mientras bebe una cerveza en la barra del otro Savoy, el de siempre, y recuerda que “Los Cohetes fuimos siempre un grupo de directo por encima de cualquier otra cosa; nunca quisimos grabar, y en ese sentido sí que fuimos siempre unos necios: lo nuestro era tocar”. Fieles a esa ambición, fueron enhebrando un repertorio de entre cuarenta y cincuenta piezas que iban desde el rockabilly de los 50 hasta el punk-rock de los 80, pasando por estilos como el blues o el swing y que llevan hasta el extremo en sus actuaciones. “Cada vez que damos un concierto”, cuenta, “procuramos tocar todo lo que podemos, y como pulsamos bastantes registros podemos enfocar el concierto de muchas maneras”. “Lo que hacemos”, resume, “es el rollo que nos gusta a los cuatro,en realidad sólo mostramos nuestra manera de ver el rock and roll”.
Conocidas las razones que les llevaron a grabar un disco en directo, queda preguntarse por la segunda parte del título para averiguar por qué precisamente en el desaparecido Savoy de la calle Pelayo. “Al margen de que, desde el punto de vista mitómano, todos tenemos en mente los discos que se grababan en directo en el Savoy de Nueva York, la verdad es que es un homenaje a aquel Savoy, en primer lugar porque era el bar de mi hermano, Javi Egocheaga, y en segundo lugar fue porque el del disco es sólo uno de los más de 2.000 conciertos que hubo allí durante cinco años”.
Ahora, con este nuevo trabajo recién salido de la fábrica, la intención de Los Cohetes (es decir, de Robbie Egocheaga y de sus compinches Mauro Regueiro, Pedro Riestra y Rafa Victorero) no es otra que la de “seguir tocando”. “En realidad”, explica, “después de todo este tiempo queremos que el disco vuelva a ser una especie de carta de presentación, que sirva para que nos conozcan por ahí y nos den la oportunidad de buscar públicos nuevos”. ¿Su mejor aval? La versatilidad propia de un grupo para el que es difícil encontrar adjetivos con los que constreñir su actividad en el escenario, dada su amplitud de miras y el eclecticismo que preside su setlist . Lo sintetiza bien el propio Robbie: “Nunca hemos encajado en ninguna etiqueta porque, en realidad, englobamos unas cuantas”.
La Voz de Asturias, 25 de septiembre de 2011
Foto: Mabel Ladyblues
lunes 26 de septiembre de 2011
Línea de Fondo 05: Sporting, 0-Racing, 0

jueves 22 de septiembre de 2011
Línea de Fondo 04: Atlético, 4- Sporting, 0
Maneras de sufrirlunes 19 de septiembre de 2011
Esta bitácora ya tiene más de 100.000 visitas...
domingo 18 de septiembre de 2011
Línea de Fondo 03: Sporting, 0-Valencia, 1
El papel del ValenciaFoto: Fernando Robles
miércoles 14 de septiembre de 2011
Cumpleaños
Mabel Ladyblues: la mirada que escucha

Corría el año 2005 cuando Mabel G. Bolaño (Gijón, 1976) se vio por primera vez en el foso de un escenario con una cámara de fotos entre sus manos. Ese día, aunque puede que ella no lo supiese hasta tiempo después, pasó a convertirse en Mabel Ladyblues merced a la unión de dos pasiones, el blues y la fotografía, que habían madurado por vías diferentes. La primera se manifestó muy pronto -cuando ella contaba ocho años de edad y se encontró por casualidad con una actuación de Koko Taylor en la televisión- y se concretó en 1999, cuando descubrió una web que la puso en contacto con La Taberna del Blues, la revista digital con la que empezó a colaborar y de la que hoy es corresponsable. La segunda se hizo esperar hasta mediados de la pasada década, cuando entró en un foro sobre fotografía que la puso en contacto con aficionados al sector y la metió en un periplo con rumbo al Festival de Blues de Cazorla. Allí fue donde empezó a captar en imágenes la esencia de la música en directo. Hasta hoy.
“Siempre me había gustado el arte, en especial la fotografía”, cuenta, “y por eso terminé llegando a la web de Caborian y a su foro; desde aquella experiencia en Cazorla, no he vuelto a pisar un festival sin la cámara”. Al margen de su trabajo en La Taberna del Blues, desarrolla su propio proyecto, en el que, bajo el nombre de Sustanciagris trabaja para el departamento de marketing de Fender Ibérica o diseña montajes fotográficos para decoración (“casi siempre de la mano de Jorge Currás, que es un genio y un buen amigo”), aunque señala que lo que más le gusta es “lo que menos hago”, posicionar páginas web en buscadores. “Ésa es mi pasión más satánica”, confiesa entre risas.
De todos modos, lo que últimamente la ha colocado en primera línea son sus fotografías. Este año ha protagonizado varias retrospectivas por Asturias y presentó en el Festival de Béjar las imágenes que hizo para el último disco de Raimundo Amador. Las instantáneas que ilustran el último disco de Los Cohetes, grabado en directo en el ya desaparecido Savoy Drinks&Music, también llevan su firma, así como toda una serie tomada durante el último concierto de los ZZ Top en Madrid, y todas muestran esa fidelidad a la vocación de mirar lo que se escucha para inmortalizarlo en una instantánea.
Aunque no ha parado en estos seis años, no oculta que a veces cunde el desánimo: “A veces pienso que sería mucho más relajado ir sin más a los conciertos y luego escribir en casa la crónica”. Sobre todo por el trato que, en ocasiones, los promotores dan a los fotógrafos: “En el de ZZ Top veías a los redactores escuchándolo tranquilamente mientras a nosotros, que éramos unos treinta, nos movían como al ganado”. Pero los inconvenientes no acaban ahí. Cuenta que “nos piden salir o dejar el equipo en taquilla, que viene a ser como si te dicen que dejes las llaves del coche puestas en el contacto y que te pires tranquilo, y encima cuando ves a la gente del público haciendo fotos con sus móviles te quedas con cara de Iniesta”, bromea. Esos agobios son los que motivan episodios de desencanto en los que se plantea abandonar la fotografía de conciertos para volcarse en otros géneros.
La Voz de Asturias, 14 de septiembre de 2011
Foto: Armando Álvarez
lunes 12 de septiembre de 2011
Línea de Fondo 02: Osasuna, 2 -Sporting, 1

sábado 10 de septiembre de 2011
Días de fútbol.

miércoles 7 de septiembre de 2011
Love football, hate business
