Me parece muy bien que haya gente a la que no le gusta la Semana Negra. Lo que nunca entenderé es el odio sarraceno que le profesan algunos de sus detractores. A mí no me gustan ni la Feria de Muestras ni el Concurso Hípico -por poner sólo dos ejemplos veraniegos de las muchas actividades cultural-lúdico-festivas que hay en Gijón al cabo del año y que me resbalan totalmente-, pero me ofendería que alguien planteara su supresión por un motivo muy sencillo: hay mucha gente a la que sí les gustan y que disfruta con ellas, y de lo que se trata esto es de que todos lo pasemos lo mejor posible y nos den a cada uno lo nuestro. Que yo sepa, nadie está obligado a participar de las preferencias o perversiones de los demás. Lo que pasa es que hay gente a la que parece que le jode que algunos se lo pasen bien con la Semana Negra y trata de deslegitimarla a costa de lo que sea. A veces con afirmaciones realmente pintorescas (las últimas aparecieron hace poco en prensa, de mano de un asturianista -o ex asturianista, no sé bien- que estaría mejor ocupándose de tapar sus muchas vergüenzas). Y como yo voy por la Semana Negra -aunque, evidentemente, tenga cosas que me gustan y cosas que no- y la defiendo y, además, trabajo allí desde hace unos cuantos años (lo digo todo, para que nadie me pueda echar en cara que oculto información), quería aprovechar para responder a algunos puntos que se han repetido mucho estos días:
-La Semana Negra no es rentable. Evidentemente, el Ayuntamiento no recibe nada a cambio de lo que invierte en la Semana Negra. Pero Gijón sí lo hace. Es lógico: un Ayuntamiento no puede funcionar (ni pretenderlo) como una empresa, sino trabajar por el bien de la ciudad a la que sirve. Ahora que se está cuestionando mucho el informe de impacto económico, vamos a ser más elementales y pondremos un ejemplo tirando las cifras. Imaginemos que, a lo largo de diez días, pasan por la Semana Negra un total de 300.000 personas y que cada uno de esos 300.000 individuos se gasta allí una media de 10 euros. No hay que hacer muchas cuentas para deducir que, a lo largo de la semana y pico que dura la feria, por el recinto se moverían un total de 3.000.000 euros. No me parece mala cifra, sobre todo teniendo en cuenta que por la Semana Negra pasan algunas personas más y que es muy probable que la media de gasto sea bastante más alta, teniendo en cuenta los precios de los libros y lo que cuesta el ticket para subirse a las atracciones. Este argumento tiene otra modalidad: la Semana Negra es muy cara para el Ayuntamiento. Bien. El Ayuntamiento aporta a la Semana Negra (según el propio equipo de gobierno) unos 300.000 euros, en los que al parecer incluyen los gastos de policía, limpieza, transporte y demás. La Semana Negra, ya se ha dicho, dura diez días. Pensemos ahora en los fuegos de Begoña, por los que el Ayuntamiento paga 50.000 euros (y este precio no incluye ni bomberos ni policías ni limpieza ni transporte, elementos que también se potencian en esa ocasión) y duran media hora. Hagan ustedes las cuentas.
-Paco Ignacio Taibo [el director de la Semana Negra] se está forrando a costa de los gijoneses. Unos días antes de que comenzara la XXIV Semana Negra, la nueva alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, concedió una entrevista a Europa Press. El periodista le preguntó cuánto dinero cobraba el escritor Paco Ignacio Taibo por dirigir la Semana Negra. Ella respondió que ésa era la pregunta del millón, con lo que, por un lado, reconocía que no tenía ni idea y, por otro, daba a entender que debía de ser una cantidad ofensivamente alta. Nada demasiado nuevo. El argumento de que Taibo se levanta cada año un pastizal a costa de la feria que dirige se ha usado, y se usará, desde el nacimiento de la Semana Negra. Lo que pasa es que la alcaldesa de Gijón no tuvo la iniciativa de preguntárselo directamente a él. Si lo hubiese hecho (como lo hice yo), habría averiguado que el director de la Semana Negra cobra 1.400 euros mensuales durante todo el año por dirigir el festival, lo que quiere decir que se lleva 16.800 euros en cada edición. ¿Es mucho dinero? Pues para usted y para mí, sí; pero no si se tiene en cuenta que el salario medio de un director de festival en España (y me refiero a festivales de la envergadura de la Semana Negra) ronda los 30.000 euros anuales, o los rondaba hace unos años -y lo sé de primera mano-, y que en el mandato abierto tras las elecciones municipales del 22 de mayo tenemos en Gijón concejales semiliberados (es decir, que no han abandonado sus ocupaciones laborales tras tomar posesión de su cargo como munícipes) que cobran 40.000. A eso hay que añadir una cuestión, ciertamente, importante: no es el Ayuntamiento quien paga a Paco Ignacio Taibo, sino la Asociación Cultural Semana Negra, que es (no lo olvidemos) la que se encarga de organizar y materializar el certamen. Es cierto que el Ayuntamiento colabora mediante subvenciones y otro tipo de apoyos, pero también que el propio Consistorio tiene un control total sobre el dinero que destina al festival: es decir, sabe cuánto invierte y para qué. Luego, si no es el Ayuntamiento quien paga a Paco Ignacio Taibo, desde el Ayuntamiento no deberían emitirse argumentaciones perversas en torno al salario de un particular que cobra como tal de una asociación privada.
-La Semana Negra molesta. Eso es verdad. Como molestan todas las fiestas (también las de Begoña o las de Somió, Poago, Monteana o Cabueñes, por citar parroquias gijonesas) a los vecinos que habitan cerca del epicentro de las mismas. Por esa razón, y porque las quejas han sido constantes durante la mayor parte de las ediciones que ha venido celebrando la Semana Negra, el Ayuntamiento decidió habilitar un recinto junto al campus que la Universidad de Oviedo tiene en Gijón, en un lugar apartado del centro de la ciudad y sin apenas vecinos. La parcela, además, no daría cabida sólo a la Semana Negra, sino también a otro tipo de eventos que, por sus características, pudieran resultar molestos si se desarrollasen en pleno casco urbano. Al rector de la Universidad de Oviedo no le gustó la idea porque, según él, la celebración de la Semana Negra (en pleno verano) iba a molestar mucho tanto a los estudiantes (que terminaron sus exámenes antes de que comenzara el certamen) como a los investigadores que, según sus palabras, estarían allí todo el mes de julio trabajando. Como tengo familia estudiando allí, sé que lo de los estudiantes es mentira. Como conozco, además, a varios investigadores y profesores universitarios (y como tengo ojos), deduzco que la segunda también. No sólo he preguntado a más de un profesional universitario que me ha confesado que allí, en julio, nada de nada, sino que también pude comprobar que, en los diez días que duró la Semana Negra, no hubo más de cuatro coches aparcados al mismo tiempo en todos los aparcamientos reservados a la institución (y hablo de varias facultades, un inmenso aulario y muchas plazas para turismos, puede comprobarlo cualquiera); y, además, charlé con algún colega que me contó cómo se había cocinado algún que otro reportaje en el que los profesores se quejaban del ruido de la Semana Negra. Antes de que se iniciara el certamen, el Ayuntamiento y la Universidad llegaron a un acuerdo cuyos términos aún se desconocen en su totalidad. Si dicho acuerdo implicara que la parcela que la anterior Corporación quiso destinar a uso ciudadano queda reservada a partir de ahora para un uso exclusivamente universitario, estaríamos ante una especie de pelotazo urbanístico camuflado: la Universidad, sin abonar ningún coste, dispondría a partir de ahora de una parcela de varios kilómetros cuadrados para su uso y disfrute mientras los gijoneses se verían desprovistos de un terreno por cuya urbanización pagaron nada menos que tres millones de euros. Sobra decir que este año el festival se desarrolló sin incidentes, que no hubo protestas por el ruido y que las presuntas investigaciones del campus siguen perfectamente su curso.
-En la Semana Negra no hay cultura: El argumento es tan idiota, y lo he respondido ya tantas veces, que no merece la pena darle pábulo una vez más. Los interesados en profundizar pueden consultar el programa de esta última edición en la
web del certamen.