lunes 28 de noviembre de 2011

Una entrevista con José Luis Cienfuegos

El sábado, unas horas antes de que diera comienzo la gala de clausura de la 49ª edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, entrevisté a su director, José Luis Cienfuegos. La entrevista ha aparecido publicada hoy, parcialmente, en el diario La Voz de Asturias (clic aquí). Aquí va la versión completa.

Faltan unas horas para que se celebre la gala de clausura y la cara de José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) muestra una sonrisa de satisfacción. El director del certamen siente que ha consolidado definitivamente a su criatura en una 49ª edición que, además de contentar por igual a crítica y público, ha servido para refrendarles a él y al propio evento de cara a un porvenir que, por decirlo finamente, se prevé poco halagüeño.

Tengo que empezar dándole la enhorabuena. Usted siempre dijo que antes de hablar del medio siglo había que hacer la 49ª edición, y ha superado la prueba con buena nota.

La verdad es que estoy francamente emocionado por el apoyo tanto del jurado como de los medios durante la lectura del palmarés [las líneas en las que el jurado abogaba por la continuidad del certamen fueron unánimemente aplaudidas por los periodistas presentes]. Se ha hablado claro, con firmeza, y como profesional no puedo más que sentir agradecimiento, sobre todo por el cariño que estos días se ha notado en las salas y en la calle hacia el festival.

La respuesta ciudadana no ha disminuido…

Estamos en un buen nivel en cuanto a asistencia a los proyecciones. Tenemos un nivel de festival potente. Me parece un poco pronto para hacer un balance serio, pero una de las claves del crecimiento de estos últimos años ha sido la autoexigencia tanto hacia los contenidos como hacia la manera de hacer llegar el festival a todo el mundo. Aún así, se puede y se debe mejorar. Eso está claro.

La programación de este año estuvo especialmente cuidada. La Sección Oficial casi parecía un ‘all stars’…

Sí. La Sección Oficial nunca es la sección soñada, pero sí que está claro que ha reflejado más que nunca ese cine vivo, ese cine que dice cosas y que, además, consigue la implicación de los espectadores. Aunque evidentemente haya habido propuestas complejas o más exigentes con el espectador, creo que se entiende muy bien cuál es el modelo. La gente sabe que en el festival se han podido ver muchos cines diferentes con muchos discursos y muy interesantes. Los directores estaban francamente sorprendidos, tanto por el propio festival en sí (aunque, afortunadamente, casi todos venían ya con referencias del certamen y estaban aquí porque era Gijón) como por la propia ciudad. Este año les hemos sacado mucho partido a los invitados, y eso es muy bonito. Quiero remarcar la colaboración con la Universidad para ampliar las fronteras del festival. Creo que es labor de todos el sacar partido a eventos como éste. Por el festival han pasado, y creo que nadie puede negar esto, algunos de los más importantes cineastas contemporáneos, y eso es muy importante para Asturias. Insisto en el tema de abrir puertas: en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, durante la proyección del ciclo No nos cuentes películas…, en el que unen fuerzas Telecable, el Conseyu de la Mocedá del Principado y Valnalón, viví uno de los momentos más emocionantes de estos 16 años. Uno de los mejores guionistas de España, Diego San José, vino aquí para trabajar codo con codo con chavales de los centros técnicos de Oviedo, Gijón y Avilés, a los que se sumaron luego la Escuela de Arte Dramático de Gijón y los directores Pablo Vara y Jim-Box. Esa colaboración es muy bonita, y marca un camino. En la proyección de la que te hablo, uno de los alumnos dio las gracias a sus profesores por haberle permitido hacer eso. Creo que entre todos se pueden hacer muchas y buenas cosas en Asturias. No nos podemos permitir el lujo de darnos la espalda unos a otros.

Que el festival está más que consolidado lo demuestran el hecho de que Filmax haya estrenado aquí Copito de nieve o la presencia de García Sánchez o el largometraje Arrugas

Hay un cierto arropamiento, y yo lo he visto este año. Algunas de las películas que estaban en nuestra competición o en las secciones paralelas podían haber estado en otros festivales, obteniendo seguramente un buen dinero en concepto de pago de alquileres, pero quisieron estar aquí. Ha habido un apoyo que yo agradezco enormemente.

Usted no es nada personalista, pero supongo que es consciente de que decir Festival Internacional de Cine de Gijón es decir José Luis Cienfuegos…

Soy consciente de que hay un equipo que ha trabajado muy duro para sacar adelante el trabajo. Creo que una de las claves de que las piezas encajen es la responsabilidad compartida. Cuando algo sale mal, nadie echa las culpas a nadie. Todos nos centramos en tapar ese hueco y conseguir que las cosas salgan. Eso no es muy habitual, y crea un espíritu de equipo que hace que todo salga adelante. Y creo que se nota.

Lo mencionaba usted mismo antes: en un gesto insólito, el jurado internacional ha querido apoyar explícitamente al certamen.

Sí. Los festivales somos ahora más frágiles que nunca, y ellos reivindicaban tanto el festival como la necesidad de mantener estos certámenes.

Más que de festivales, habría que hablar de ciertos festivales…

Eso es. Festivales en los que hay una labor seria de programación, que tienen detrás un trabajo. Los festivales dinamizan la economía. Que no se piense que los festivales son cuatro actores o directores comiendo durante tres días en una ciudad. Toda la actividad que se desarrolla aquí genera dinero y repercute en diferentes industrias. Alrededor de los festivales hay mucha industria: empresas audiovisuales y de subtitulación, imprentas, serigrafías… A veces se habla con cierta ligereza y no debemos sentirnos culpables de lo que hacemos. Más bien al contrario, porque a través del Festival surgen proyectos que implican y dan trabajo a mucha gente.

De todos modos, no parece que ahora se reflexione mucho acerca del modelo cultural, cuando la historia de FICXixón ilustra muy gráficamente que no vale cualquier cosa…

Creo que el análisis que se hizo en El Cuaderno de la historia del Festival es muy ilustrativo, y remito a cualquiera a esas páginas para que repase los distintos vaivenes que ha tenido y donde las culpas de que no funcionase debían repartirse y quedaban claras en ese reportaje. Por eso Fernando Lara [miembro del jurado y ex director de la Seminci], del que me considero discípulo, remarcaba los criterios que yo trato de seguir. Lo primero es que las películas cumplan unos ciertos requisitos. Luego ya están la validez de los criterios de cada uno y los códigos morales o intelectuales.

Vuelvo a lo de antes a tenor de las palabras de Lara: reivindicar el certamen gijonés implica necesariamente reivindicarle a usted…

Yo… Es que no quiero hablar de mí.

Pues tengo que preguntárselo: ¿se ve dirigiendo la 50ª edición?

[Sonríe y se queda en silencio]

Voy por otro flanco: ¿es verdad que la Consejería de Cultura le ha garantizado que no aplicará recortes al certamen y que, además, el consejero quiere que usted siga al frente el año que viene?

Hubo una rueda de prensa en la que el consejero manifestó su apoyo, y yo no tengo nada más que añadir.

¿Cómo fue la relación con el actual Gobierno municipal?

Cordial. Hemos trabajado con total normalidad y no ha habido ningún tipo de debate sobre los contenidos. En el Festival siempre hemos trabajado con plena libertad, y este año la cosa no ha cambiado.

Cuando se hizo cargo del festival, en la 33ª edición, el certamen era casi un cadáver. Ahora está a un paso del medio siglo. ¿Le da vértigo mirar atrás? ¿Cree que fue un inconsciente al ponerse al mando?

Evidentemente, no era consciente de nada [risas]. Ahora es muy gracioso analizar ciertas cosas de los primeros años, pero también es muy gratificante recordar las ganas que echamos para sacar adelante un proyecto en el que todos creíamos. Lo importante es que se fueron planteando objetivos y mejoras a corto plazo, y siempre fueron objetivos y mejoras para el festival, nunca pensadas en el plano personal. Ahí siempre hemos sido bastante estrictos. Hemos intentado construir un festival con un sello propio y que fuese lo menos personalista posible.

Pero cualquier festival termina teniendo el sello que le imprime su director…

Bueno… Unos más que otros.

¿Alguna vez tuvo la tentación de decir ‘se acabó, aquí lo dejo’?

No. No suelo permitir que las circunstancias me superen. Cuando surgen problemas, y vuelvo al espíritu de equipo, el objetivo es sacar todo adelante como sea, arrimando el hombro todo lo que haga falta.

Lo que decíamos al principio: el festival cumple medio siglo el año que viene. Supongo que tendrá alguna idea…

Ésa es una pregunta profesional…¿Me estás preguntando por ideas o por proyectos?

Imagino que aún es pronto para hablar de proyectos concretos. Me refiero a su idea de lo que debería ser la próxima edición del festival.

Bueno, mi idea es mi idea, y se puede llevar a cabo o no…

¿Y cuál es esa idea?

Eso cuesta un dinero [risas].


Foto: Armando Álvarez