sábado 25 de junio de 2011

Microcosmos230: Sin gobierno

Anda la gente bastante preocupada con esto de que estemos ya a últimos de junio y todavía no sepamos (es un decir) quién va a mandar en el Parlamento autonómico durante los próximos cuatro años. Voy por la calle, me siento en las terrazas, entro en tiendas o me arrimo a la barra de cualquier bar que encuentro abierto y antes o después llegan a mis oídos barruntos, conjeturas, hipótesis con más o menos fundamento acerca del nombre del próximo ocupante del sillón presidencial y las alianzas con las que contará en el cuatrienio cuyas puertas no acaban de terminar de abrírsele, todo ello con mucha retórica y mucho énfasis, como si de la noche a la mañana el pueblo entero se hubiese investido de un doctorado en Políticas y se viera en la obligación de ir exhibiendo ex catedra sus atinados juicios al respecto.

A lo mejor es que soy muy raro, pero a mí me pone esto de estar sin Gobierno. No porque esté poseído por alguna extraña tendencia anarquizante ni porque me invada ninguna veleidad antisistema, sino porque, después de todo el barullo de la campaña y de la apoteosis de mítines, soflamas y demás, creo que viene bien esta especie de tregua en la que los políticos se olvidan de nosotros para dedicarse única y exclusivamente a sus asuntos. Después de tanto dar la murga, me procura un íntimo regocijo verles devanándose los sesos en los pasillos de la Junta, rumiando la derrota o digiriendo una victoria insuficiente, sabiéndose esclavos de sus palabras pasadas y anticipando la condición de súbditos de sus hechos futuros, buscando una explicación convincente para cuando tengan que explicar por qué empezarán a decir digo donde una vez dijeron Diego. Y me alegra más pensar que, mientras ellos sudan tinta, por fin a nosotros se nos permite ir a lo nuestro y se nos libera del tedio de las inauguraciones, las leyes y las disposiciones parlamentarias. Cada vez queda menos, es lo malo, y faltará ya poco para que se forme un nuevo Ejecutivo que vuelva a las andadas y eche a girar otra vez la noria. Pero mientras tanto, no negarán que algo de tranquilidad hemos ganado. Menos es nada.

El Comercio, 22 de junio de 2011