
Cinco años son muy poco tiempo para casi todo, pero a veces dan para mucho. El Savoy II -hermano pequeño del Savoy de la calle Dindurra, en activo desde 1989- abrió en mayo de 2006 y cerró sus puertas en la madrugada del domingo tras una juerga multitudinaria repartida en tres veladas que tuvo como protagonistas a un buen puñado de grupos. Un resumen perfecto de la andadura, breve pero enjundiosa, de un local que en apenas un lustro llegó a adquirir un carácter casi legendario.
Porque el Savoy II se convirtió muy pronto en parte fundamental de un Gijón golfo, educado, elegante y cosmopolita que encontró en aquel viejo sótano de la calle Pelayo un reducto propicio para sus desahogos noctámbulos. Su apuesta decidida por una cuidada línea de directos, a cargo del ubicuo Silver, unida a la consabida querencia por la música de calidad (Javier Egocheaga, el propietario de los dos Savoys, ya había demostrado que es un tipo con buen gusto) y a la maestría a la hora de engendrar una atmósfera idónea para la conversación, las risas y las confidencias, convirtieron el invento en el sancta sanctórum por excelencia de las nocturnidades playas. Y tuvo mucho que ver en ello el personal que daba el callo tras la barra (Esteban, Omar, Rubén, Roberto, Pili, Carla, Lastra, Ángel, Fernando, Rita, Fito, Laura, Vera) y esa sensación que uno tenía de encontrarse allí como en casa.
Había razones, pues, para que se lo despidiese a lo grande, y la parroquia respondió con creces a una convocatoria que, bajo el warnerbrosiano lema de That's All Folks, aglutinó a 27 bandas para compendiar, a lo largo de tres noches, la andadura de un local que siempre reunió a una clientela de lo más heterodoxo y en cuyo escenario tuvieron cabida los veteranos con más galones y las promesas más incipientes. Muchos grupos vieron consolidada su reputación sobre las tablas del Savoy, y otros tantos cosecharon allí sus primeros aplausos. Por eso, en el cartel de la despedida figuraron ilustres primeras espadas de la escena asturiana (Igor Paskual, Capitán Cavernícola Blues Band, Doctor Explosión, Los Sangrientos, el inefable Rafa Kas) y algunos recién llegados, o no tanto (Kozmics, Pablo Valdés, MyStereo), sin que faltaran ni Javi y los Paramétricos -el grupo del anfitrión- ni Tuscany Valley Experience, que clausuraron («no podía ser de otra manera», apuntaba Silver) unas veladas que registraron un lleno absoluto y tuvieron un poco de funeral y un mucho de celebración compartida, de agradecimiento a un reducto que acogió, en su breve e intensa vida, más de mil conciertos (la mayoría gratuitos) y brindó a su gente amaneceres memorables. El último acorde del sábado dejó en el aire la amargura dulzona de una nostalgia inminente. Al fin y al cabo, muchos nos despedimos este fin de semana del lugar donde pasamos algunas de las mejores noches de nuestra vida.
Foto: Joaquín Pañeda
El Comercio, 11 de abril de 2011
Foto: Joaquín Pañeda
El Comercio, 11 de abril de 2011
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