lunes 29 de noviembre de 2010

Una forma de ser


Me hice del Barça -es un decir: los que me conocen saben que, si soy de algún equipo, es del Sporting- por una razón: ganaba cuando jugaba bien. Esa característica, que muchos consideraban un demérito, era, en mi opinión, la mayor de sus virtudes. La consumación futbolística de ese axioma, tantas veces incumplido, que dice que cada uno tiene lo que se merece. Eran los tiempos del Dream Team de Cruyff: los de Zubi, Stoichkov, Sergi, Bakero y compañía, y, aunque a mí no me interesaba demasiado el fútbol, me gustaba ver sus partidos precisamente por eso: porque era un placer verles en el campo, observar aquellas triangulaciones, degustar las repeticiones de aquellos golazos que parecían tan fáciles de marcar. Como no era nada forofo, aún, pude haberme cambiado de equipo cuando el Barça perdió aquella Copa de Europa en Atenas y el sueño empezó a desmoronarse, pero resulta que yo -que era muy joven, pero estaba empezando a dejar de ser un pipiolo- no me creí nunca la retórica de buhonero de Valdano, así que, cuando el Barça empezó a jugar mal (y jugó fatal, vive Dios), seguí simpatizando con el equipo, celebrando sus victorias y asumiendo sus derrotas. Puedo decir una cosa: nunca me escondí. A día de hoy, sigo sin hacerlo, como demuestra el hecho de que firme cada palabra que escribo. No como otros.

Dicho esto, y obviando la alegría que me ha dado la manita del Camp Nou (algún día escribiré sobre Mourinho, pero hoy no es el momento), quiero aclarar que nunca tuve dudas de que el Barça ganaría esta noche. El mérito de Pep Guardiola no ha sido el de armar un equipo (al fin y al cabo, ya estaba casi montado cuando él llegó), sino el de transmitirles a los componentes de la plantilla lo que significa ser del, o jugar en el, Barça. Es la gran diferencia entre los dos principales equipos de la Liga española. El Madrid (un club que fundaron allá por los principios del siglo XX dos catalanes que, por haber emigrado a la capital, no podían jugar en el Barça: no me digan que la cosa no tiene gracia) ha tenido enormes jugadores que le han dado muchos títulos, y chapeau por ellos. El Barça, por el contrario, ha concebido una forma de ser (o de estar en el mundo) que resulta imprescindible para su supervivencia. El Madrid sólo exporta su palmarés. El Barça, por el contrario, transmite una filosofía que, cuando funciona (y últimamente -Cruyff, Van Gaal, Rijkaard, Guardiola- funciona mucho), va más allá de aquel viejo lema de fútbol es fútbol para renovar, gane o pierda, el imaginario colectivo de varias generaciones. Para el Madrid, ganar títulos es una obligación. Para el Barça, es un premio. El Madrid tiene una estadística. El Barça, un estilo propio.

El Barça puede presumir de ser (y la cursiva es importante) el Barça. El Madrid sólo puede acumular títulos. Que sean felices con su miseria.

jueves 25 de noviembre de 2010

Con Víctor Erice

Aquí, la bienvenida:
Y aquí, la crónica que escribí para El Comercio de la charla que mantuvo, en la noche del pasado martes, con los espectadores que asistieron a la proyección del documental Víctor Erice: Paris-Madrid, allers-retours, de Alain Bergala, en el Festival Internacional de Cine de Gijón.

Foto: Purificación Citoula

miércoles 24 de noviembre de 2010

Microcosmos204: Matones


No sé si ustedes tuvieron que sufrir (yo sí) a alguno de esos macarras que, en el colegio, aprovechaban la mínima ocasión para darte lo tuyo, por más que no tuvieras nada que ver con los cargos que arbitrariamente te imputaban, mientras se vanagloriaban de sus virtudes matonescas y chulopiscineras. Eran sujetos que luego, en cuanto alguien se armaba de valor y les daba su propia medicina en venganza de alguna afrenta o por puro resarcimiento, no tenían empacho en acudir llorando a la maestra para que viese lo buenos que eran y lo malos que, por oposición, éramos todos los demás.

Hace mucho que perdí de vista a los matones de mi clase y ni sé ni quiero saber qué habrá sido de sus vidas, pero me acordé de ellos al ver la actitud que el malencarado entrenador del Real Madrid tuvo con su colega del Sporting y pensar, por primera vez, que esa actitud suya tan convenientemente refrendada por los medios adictos a su grotesca forma de moverse por el mundo -es decir, la de acusar al otro y lamentarse cuando éste se defiende- es una actitud cada vez más extendida en estos tiempos en los que, muchas veces, la ofensa sale gratis y es el ofendido, cuando responde, el que acaba dando explicaciones por haberse negado a asumir un agravio inmerecido. Ocurre cuando quien lanza la piedra se sabe respaldado por otros que son más poderosos que él y su oponente -y que, por tanto, podrán silenciar o mitigar los contraataques que puedan llegar: en realidad, si algo caracteriza a los matones es su cobardía-, y no digamos en la política, un campo donde ya nos hemos acostumbrado a asistir a ataques gratuitos y acusaciones deshonestas e interesadas que no reciben respuesta porque quienes habrían de darla prefieren el silencio o el ostracismo antes que entrar en batallas tan eternas como frustrantes -también aquí hay medios adictos e intereses ocultos, o no tanto- y esperan a que el olvido haga su trabajo asumiendo que una hipotética rebelión sólo serviría para convertir a sus verdugos en víctimas y, en consecuencia, proporcionarles una nueva arma -en realidad, la única que buscan- con la que disparar desde su miseria moral a todo el que se les ponga a tiro. Nada le gusta más al acusador que verse convertido en acusado: así ya tiene la coartada perfecta para seguir yendo de matón por la vida.

El Comercio, 24 de noviembre de 2010

lunes 22 de noviembre de 2010

'Restauración'

Hacía tiempo que quería escribir algo sobre Restauración, la antología poética de Xandru Fernández (Turón, 1971) -aquí, su bitácora- que publicó hace unas semanas Ediciones Trea, pero diferentes asuntos me han impedido ponerme con ello.

Hoy me he encontrado con que el poeta José Luis Piquero cuenta en su propio blog cómo surgió todo, así que -abusando de la confianza y asumiendo mi pereza- transcribo aquí lo que él escribió allí y dejo el pertinente poema a modo de muestra:

Los libros nacen azarosamente. Hace cerca de tres años, tomando whiskys en una terraza de Gijón con unos amigos escritores, le pregunté a Xandru Fernández por qué no publicaba su poesía en castellano. Él, con su característico sentido de la autocrítica, respondió que seguramente no merecía la pena. Yo afirmé calurosamente lo contrario y me ofrecí para seleccionar, traducir y prologar (el lote completo) una antología de sus poemas. Miguel Barrero, allí presente, se ofreció por su parte para hablar con Álvaro Díaz Huici, de Trea, como posible editor. En aquel momento, Xandru, como ha contado en su blog, pensó que era la típica propuesta nacida al calor del whisky y que el proyecto quedaría en nada. Agradeció las buenas intenciones con una sonrisa escéptica.

El libro, como ya he dicho, se titula Restauración, se subtitula Antología poética (1993-2009) y cuenta con los poemas originales de Xandru y las traducciones al castellano de Piquero. Dejo aquí una de las segundas. Entiendo que los (pocos) lectores con los que cuenta la literatura asturiana ya conocen de sobra al autor y sus muchos méritos.

OTRO POEMA SOBRE EL CENTRO DEL UNIVERSO

La misma piedra, la misma casa.
El mismo musgo, el mismo hogar, la senda
que conduce entre la hierba a la leñera.
La misma llovizna que ya cantaron otros.

Palabras conocidas y gastadas, significados
ocultos por el verdín del abandono:
os opongo el asfalto resquebrajado por los inviernos,
el tejado de uralita de la chabola y la cochera
donde nació el afán de redimirnos
a través de vosotras, edénicas palabras.
Que el mundo crece en círculos concéntricos
es fácil de entender, y siempre gana
la fuerza de atracción de esos momentos
soñados por la memoria o inventados por el olvido.
Igual que permanece el mismo musgo
en la piedra de los muros, en el tejado de uralita.

Palabras atrevidas y lejanas: ¿no estabais
también allí presentes, junto al hogar, bajo la llovizna,
desnudas e indecentes, rebeldes y promiscuas?
Os mudasteis a otro círculo, hambrientas de venganza.

La misma piedra ¿es acaso la misma?
La misma casa ¿no será otra casa?
Ese hogar reverdecido en los recuerdos ¿acaso lo encendimos?
Nos bañó esa llovizna, pero ¿nos acordamos?
La misma ruta, la misma senda.
El mismo afán, la redención, las mismas manos
que trabajan el abandono construyendo la memoria.

La misma fuerza que nos trae de vuelta a casa.

miércoles 17 de noviembre de 2010

10 de los Fab Four


Apple acaba de poner a la venta en iTunes el catálogo completo de The Beatles, y al leer la noticia me he dado cuenta de que posiblemente el grupo de Liverpool sea el que más he revisitado al cabo de los años. Por eso, me he puesto a pensar en qué canciones me gustan más de todas las suyas, y he elaborado esta lista de diez temas, enumerados del 1 al 10 por orden de preferencia y con el título del disco en que están incluidos entre paréntesis, a modo de homenaje, también de celebración por el desembarco digital por el que quizás sea el legado más importante de la historia de la música en el siglo XX.

1. A Day In The Life (Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, 1967)
2. Strawberry Fields Forever (Strawberry Fields Forever/Penny Lane, 1967)
3. I Am The Walrus (I Am The Walrus/Hello, Goodbye, 1967)
4. Helter Skelter (White Album, 1968)
5. Eleanor Rigby (Revolver, 1966)
6. Penny Lane (Strawberry Fields Forever/Penny Lane, 1967)
7. Norwegian Wood (Rubber Soul, 1965)
8. Something (Abbey Road, 1969)
9. Michelle (Rubber Soul, 1965)
10. Nowhere Man
(Rubber Soul, 1965)

Microcosmos203: Aurora

Ha sobrepasado el medio siglo y lleva casi una década refugiada en las montañas, en una cabaña semiescondida tras la iglesia de Beleño, con la única compañía de tres gatos y la añoranza dolorida de un perro que desapareció al despuntar la primavera y del que nunca más supo. Se retiró allí cuando se cansó de recibir golpes de la vida y, harta ya de estar harta de los desprecios de quienes la rodeaban, entendió que acaso la única salida honrosa fuese la de rastrear en sus propias raíces y anidar en el lugar del que partía su árbol genealógico. No tiene nostalgia de lo perdido, pero tampoco excesiva ilusión por lo que pueda venir. Procura vivir cada día sin preocuparse de lo que ocurrirá al siguiente, porque ha constatado en sus propias carnes aquello de que la vida va a lo suyo, sin preocuparse de lo que nosotros podamos esperar de ella, y entiende que no queda más remedio que pertrecharse y aguantar con la mayor dignidad de la que uno sea capaz. Tiene un medio novio que fue guardia civil o policía, una bolsa en la que mete todo lo que necesita cada vez que sale a pasear por el pueblo y una memoria que la hace desgranar -con su voz ronca agrietada por los años y los cigarrillos, con un hablar pausado que acaso sea hijo de los desengaños y el fracaso- los episodios más desagradables de su biografía con la indiferencia de quien se sabe ya a salvo de todo porque no tiene gran cosa que perder. Lectora compulsiva y de una voracidad que se acentúa o se mitiga en función de la época del año, tiene en un altar a John Kennedy Toole y Hermann Hesse, y desprecia a muchos de esos que se ocupan de llenar páginas sin haberlas vivido ni pensado. En El lobo estepario encontró la historia de su vida, y ha sabido hallar en las existencias ficticias de las novelas una razón de urgencia para sobrellevar la suya, tan real como hiriente. Me lo contaba hace poco, en una gélida noche de octubre, mientras bebíamos gin-tonics en la terraza de un bar que acababa de cerrar. Si no fuera por los libros, me dijo antes de despedirnos, yo ya me habría suicidado. La vi alejarse despacio hacia su casa, envuelta por las noctívagas brumas del otoño, y le deseé en silencio toda la suerte del mundo. No hay por ahí tantas personas capaces de explicar, en sólo unas pocas horas, de qué carajo va esto de vivir.

El Comercio, 17 de noviembre de 2010

lunes 15 de noviembre de 2010

Sporting, 0-Real Madrid, 1


El Real Madrid es un equipo con sede en la capital de España. Tiene un presupuesto multimillonario, un palmarés adornado con un montón de títulos (entre ellos nueve Copas de Europa, lo que le convierte en el club que más veces ha ganado la competición por excelencia del Viejo Continente), unas cuantas figuras en su plantilla (en la que forman mundialistas como Casillas, Sergio Ramos, Xabi Alonso, Cristiano Ronaldo, Ozil, Khedira, Higuaín o Di María) y una tradición de equipo grande, señor, honorable, respetuoso. Tradición de la que suelen presumir mucho sus aficionados.

El Real Sporting de Gijón es el equipo de la mayor ciudad de Asturias, cuya población no llega a los 300.000 habitantes. Tiene un presupuesto bastante limitado, está inmerso en un proceso concursal y volvió a la Primera División hace dos años, después de pasar diez penando por los lodazales de Segunda. Es un equipo humilde, modesto y con bastante mala suerte. Ni siquiera en su época dorada (seis participaciones en la UEFA, subcampeonato de Liga, finalista en la Copa del Rey) fue capaz de ganar nada, pero, aún así, a lo largo de su historia ha contado con jugadores que acabaron siendo bien conocidos por todos los aficionados al fútbol. En su plantilla actual hay muchos futbolistas que hace poco estaban en Segunda (Diego Castro, Luis Morán, Lora, Bilic, Barral), fichajes obtenidos de los descartes de otros equipos o adquiridos a un precio muy reducido (Sangoy, Botía, Gregory, Nacho Novo, Rivera, Eguren) y algún que otro chaval salido de su cantera, la Escuela de Fútbol de Mareo (José Ángel, Canella, Sergio Álvarez). Sus aficionados presumen de lo único que pueden: de una historia pobre, pero digna, y de estar con el equipo a muerte, pase lo que pase.

Ayer se enfrentaron los dos en El Molinón. Yo fui a ver el partido. Unos días antes, el entrenador del Real Madrid (equipo que tiene el objetivo de ganar la Liga) había criticado, veladamente y sin dar nombres (y era la segunda vez), al entrenador del Sporting (equipo que tiene el objetivo de evitar el descenso a Segunda) porque en la cuarta jornada éste había jugado en el Camp Nou con una alineación repleta de teóricos suplentes, lo que suponía regalar el partido (que terminó con un 1-0 a favor del Barça). El entrenador del Sporting le respondió lo único que podía responderle: que es su equipo, que las alineaciones las hace él, que nadie tiene que decirle quién debe jugar y quién no y que esa clase de acusaciones sólo puede hacerlas un canalla o un mal compañero. El Real Madrid (el equipo del honor, de la clase, del señorío) emitió un comunicado -posiblemente el más indecente que ha emitido en toda su historia de honorabilidad, de clase, de señorío- exigiendo respeto al entrenador del Sporting. Respeto que no exigió a su mismo entrenador cuando éste vejó a dos de los componentes más jóvenes de su plantilla (Pedro León y Canales) ni cuando se regodeó ante la afición del Milan, hace muy poquito, por los tres títulos que consiguió el año pasado con el Inter. Tampoco en las dos ocasiones en que acusó al Sporting de haberle regalado el partido al Barça.

Así las cosas, y teniendo en cuenta que el ambiente estaba caldeado y que el actual máximo goleador del Madrid tiene en su cuenta más goles que todos los que ha metido el Sporting desde que comenzó esta liga, era previsible una goleada. No fue así. El equipo de la capital de España sólo pudo meter un gol, en el minuto 81, después de que Higuaín mandara a la red un despeje de Juan Pablo, portero del Sporting, a un tiro de Benzema (jugador al que el entrenador del Madrid -honor, clase, señorío- también había menospreciado unas cuantas semanas atrás). Como el Sporting jugó a lo que pudo -es decir, a defenderse, a cortar las llegadas de sus rivales con las únicas armas a su disposición, a aprovechar los contraataques sin desatender mucho la zaga-, hoy hay entendidos -casualmente, todos madridistas- que dicen que fue poco deportivo, que hizo antifútbol, que así no va a ningún sitio. Es su versión. Yo creo que el Sporting, consciente de sus posibilidades, fue realista y planteó un partido serio. Exactamente igual que hizo, en la cuarta jornada, en el Camp Nou. Cuando tienes enfrente un vendaval como el Madrid, no puedes hacer mucho más si no tienes un potencial similar. Y el Sporting, evidentemente, no lo tiene.

Sin embargo, creo que el Sporting dio, en directo y sobre el campo, una lección al Madrid -el equipo del honor, de la clase, del señorío- que posiblemente éste no aprenderá, porque ni quiere ni le interesa, y que tampoco aparecerá reflejada en ningún sitio. La de que se puede hacer fútbol, e incluso antifútbol, sin caer en la ignominia. Yo no sé muy bien qué concepto tienen en Madrid del honor, de la clase o del señorío. Pero sí sé que ayer, en cuanto Higuaín marcó su gol, el defensa Pepe (no sé si recuerdan que hace unos años le castigaron sin jugar 12 partidos por masacrar a patadas a un rival que había quedado tendido sobre el césped: honor, clase, señorío) lo celebró haciendo un corte de mangas al respetable, y que Cristiano Ronaldo le hizo un gesto chulesco y más bien feo a Gerardo Ruiz -preparador físico del Sporting- antes de sacar un córner, y que también se pavoneó ante el entrenador rojiblanco por engañar al árbitro para que pitase una falta que no había sido. Sé que Sergio Ramos trataba a toda costa de humillar a los rivales y que, cuando no lo conseguía, se enfadaba y consumaba su cabreo con algún patadón, que Marcelo tuvo actitudes que denotan que posiblemente sea muy mala persona y que hasta Casillas, por el que siento mucho respeto (y a veces hasta simpatía), tuvo su momento marrullero. Sé también que la afición del Sporting es fiel, pero exigente. Y ayer volvió a cantar aquello de así gana el Madrid ante el distinto rasero con que el árbitro juzgaba las acciones de unos y de otros, y que -lejos de irse desconsolada o cabreada con la derrota, como suele hacer- se quedó aplaudiendo a su equipo después del final del partido. Tenían sus razones: pese al resultado, no había muchos motivos para la queja. El Sporting, luchador hasta la extenuación, había estado épico. El Madrid, blando y llorón.

También sé otra cosa. Sé que, una vez finalizado el encuentro, en las cocheras de El Molinón, el entrenador del Real Madrid -honor, clase, señorío- se mofó del entrenador del Sporting dibujando con sus dedos la V de victoria desde la ventanilla del autobús (es decir, cuando ya estaba protegido, por si las moscas), y sé que un miembro del equipo técnico del Real Madrid -honor, clase, señorío, respeto por el adversario- se bajó de ese autobús para cantarle a Segunda, a Segunda al susodicho entrenador del Sporting.

Sé una última cosa. Sé que ayer, en El Molinón, hubo honor, y clase, y señorío. Eso sí, no los puso el Real Madrid.

sábado 13 de noviembre de 2010

Luis García Berlanga (1921-2010)

Tengo una anécdota con Luis García Berlanga. Que yo recuerde, sólo se la conté hace años a un amigo por carta. Vino a dar una conferencia a Salamanca poco después de que yo me instalase allí, creo que en la primavera de 1999, y me fui a verle con un compañero de la Facultad. Habló de sus películas, de su vida, de su erotomanía, e insistió continuamente para que el público -seríamos unas cien personas- le hiciese preguntas. Le hicieron un montón. Las contestó todas. Yo no pregunté nada, pese a que había visto casi todas sus películas y algunas me gustaban (y me gustan) muchísimo. Se me ocurrieron un montón de cuestiones que plantearle, pero, por pura timidez, no me atreví. Tenía dieciocho años, todos los que estaban en la sala eran mayores que yo y tuve miedo de quedar en ridículo. Cuando terminó la charla, me acerqué a él y le pedí un autógrafo.

-Lo de los autógrafos es una gilipollez -me dijo.- Lo importante es hablar. ¿Tú me has preguntado algo esta tarde?
-No...
-Pues muy mal hecho. Vamos a ver, tú eres joven, así que estarás estudiando, ¿no?
-Sí.
-¿Y qué estudias?
-Periodismo.
-¡Con más razón! ¿Y cómo se te ocurre estar ahí sentado sin decirme nada?

Entonces cogió mi libreta, buscó una hoja en blanco y escribió: Para Miguel, un suspenso por no haberme preguntado. Y firmó.

Fue el suspenso que más me dolió de todos los que acumulé en mi carrera.

Y desde entonces, no me callo.

viernes 12 de noviembre de 2010

Voy a permitirme una maldad...


José No-Sé-Cuántos Mourinho, entrenador del Real Madrid, acusó hace unas jornadas al Real Sporting de Gijón de dejarse ganar en el partido que el equipo rojiblanco disputó en el Camp Nou ante el F. C. Barcelona. Hoy, Manolo Preciado, entrenador del Real Sporting de Gijón (que este domingo se enfrenta en El Molinón al Real Madrid) ha dicho:

En su día, [Mourinho] dijo que regalamos el partido en el Camp Nou y quizás fue un calentón, pero ha vuelto a reiterarse, y si lo dice como chiste, es muy malo. Si es para que le respondan desde Barcelona, no lo harán, pero si lo dice en serio, es un canalla y un mal compañero.

[Mourinho] ha faltado al respeto a un equipo modesto como es el Sporting y se va a encontrar un horno ardiendo.

Seremos un equipo de pueblo, pero merecemos el mismo respeto que él con todos sus títulos.

Mourinho no me cae bien y se lo voy a decir a la cara. ¿Quién coño es este tío?

Y claro, yo vi todo esto hace un rato (las declaraciones están sacadas de la web del diario Marca -web que apenas miro, lo juro-) y pensé que igual también le ha dado por leerlo a cierto anónimo madridista, y que, de ser así, los teléfonos de los servicios jurídicos del Real Madrid deben de estar ahora mismo echando humo...

jueves 11 de noviembre de 2010

Carlos Edmundo de Ory (1923-2010)

Yo siempre estoy de noche
festejando la vieja
memoria de unos gritos
de amor como balido
Tus manos lluvia
y tu recuerdo
oveja
envejeciendo el sueño
enlutando el olvido

Que me entierren vestido de payaso
, dejó escrito.

miércoles 10 de noviembre de 2010

Microcosmos202: Falta silencio

Vuelvo a este rincón del periódico después de una ausencia de más de tres meses y, a la hora de sentarme ante el ordenador para pergeñar unas pocas líneas con las que acompañarles, me encuentro con que casi todo se ha dicho ya acerca de los temas que podían interesarme y la actualidad, en no pocos casos, se ha vuelto lo suficientemente tópica o cansina o repetitiva para que no apetezca referirse a ella por no correr el riesgo de reincidir en algún tópico de reciente creación o repetir argumentaciones ya enhebradas y, por tanto, inútiles en este compás de la partida.

No encuentro nada original que aportar, por ejemplo, a las glosas de la llegada de José Luis Moreno a la Laboral; no me apetece comentar la última salida de tono de Dragó a propósito de sus curiosas preferencias sexuales; me aburren, por monótonas y previsibles, las circunstancias que rodean el affaire Álvarez-Cascos; se han muerto José Antonio Labordeta o Marcelino Camacho y tampoco me veo capaz de añadir nada nuevo o singular a lo que, aquí y allá, han contado sus hagiógrafos; ponerme a evaluar los pormenores de la crisis o ciscarme en esos empresarios que defienden la libre competencia cuando se están forrando y corren a pedir la intervención de papá Estado cuando sus beneficios se reducen en un porcentaje mínimo casi supondría caer en el lugar común; y, como ya no me ocupo del Sporting, ni siquiera me cabe la coartada de ocupar esta columna con algún desahogo derivado del partido del domingo. Tampoco Vargas Llosa, con todo lo que me gusta y lo mucho que me alegró la noticia del Nobel, podrá sacarme de ésta, viendo cuánto le han adulado ya.

Como apenas he tenido ganas ni necesidad de escribir, he ocupado este paréntesis, fundamentalmente, leyendo, y por primera vez he reparado en la cantidad de palabras que se destilan a propósito de cualquier asunto y en la vacuidad o en lo innecesarias que resultan casi siempre por no constituir más que variaciones sin mucha chicha en torno a un mismo tema. Este tiempo que he pasado lejos de los papeles me ha servido, entre otras cosas, para constatar lo mucho que se dice, o se escribe, en ocasiones en que no hay nada que contar. Para darme cuenta de la alegría con la que muchas veces se emiten juicios más propiciados por la inmediatez que por el análisis, y concluir que, y acaso sea éste un nuevo signo de los tiempos, si algo falta ahora mismo es reflexión. Y silencio.

El Comercio, 10 de noviembre de 2010

Enjaular el mar

Nunca aprenderemos...

lunes 8 de noviembre de 2010

La explicación del arte

Es imposible comentar tu propia película; es como añadir palabras a una pieza sinfónica, sin reparar en que cada cual reacciona de una forma diferente a la música. El artista debe estimular al público, impedir que se duerma y hacerle buenas preguntas. El que cree conocer las respuestas no es, en mi opinión, un artista, y además es un imbécil.

Billy Wilder

miércoles 3 de noviembre de 2010

Canteros de Covadonga


A finales del siglo XIX y primeros del XX, el valle de Covadonga se llenó de obreros que llegaron a trabajar en las obras de la basílica que proyectara Frasinelli. La presencia de todos aquellos forasteros en la comarca inspiró una pieza que se conoce popularmente como Canteros de Covadonga y que constituyó la base de una de las últimas canciones que compuso Ígor Medio antes de fallecer, junto a Carlos Redondo, en aquel desgraciado accidente del día de San Juan de 2006. El tema dio título al último disco que hasta la fecha ha sacado Felpeyu, y a mí me gusta mucho. Es éste:

lunes 1 de noviembre de 2010

Día de Todos los Santos


Llamé al cielo, y no me oyó,
y pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la tierra
responda el cielo, no yo.

José Zorrila, Don Juan Tenorio