martes 21 de diciembre de 2010

Una vieja carta

Luciano Castañón (Gijón, 1926-1987) fue novelista (Los días como pájaros, Vivimos de noche, Los huidos), dramaturgo (El detenido), poeta (Barrio de Cimadevilla, De la mina y lo minero) y ensayista (Refranero asturiano, Bibliografía de Gijón, Supersticiones y creencias de Asturias, Las comunicaciones entre Asturias y León, Gijón), pero pasó a la posteridad, sobre todo, por ser uno de los padres -los otros fueron Silverio Cañada y José Antonio Mases- de la Gran Enciclopedia Asturiana. Además, en su juventud fue jugador del Sporting.

Evidentemente, yo no llegué a conocerle, pero sí he acabado teniendo algo de relación con sus hijos. Uno de ellos trabaja en mi librería de cabecera. Los otros dos son los propietarios de mi bar de referencia. Pueden imaginar que, dadas esas circunstancias, veo a los tres con bastante frecuencia. La cuestión es que, hace un tiempo, Chano, uno de los hermanos, me había hablado de una carta que obraba en su poder y que le había regalado Tato Campomanes, un ex-presidente del Sporting ya fallecido. Se trata de una misiva que su padre le había enviado por una desavenencia económica y de la que el mandatario rojiblanco hizo copia, supongo que porque no era muy habitual que un chaval de la edad que tenía entonces Castañón se parase a redactar un texto en el que, la verdad, no falta literatura. Este mediodía, Chano apareció con la carta por el bar para enseñármelo. Y, aunque no tuve tiempo de copiarla, sí pude hacerle una foto. Me temo, sin embargo, que su lectura no resulta tan fácil como yo pensaba, y es una pena porque el texto lo merece. Eso sí, no he conseguido entender cuál fue el motivo exacto de la discusión.