Hay, en el fondo de todo esto, una explicación muy sencilla: el éxito del fútbol se debe a una cuestión meramente identitaria. La pasión que uno derrocha en las gradas del estadio, cuando su equipo se enfrenta a cualquier rival, grande o modesto, conecta de forma directa y sin ambages a éste que somos con aquél que fuimos en la infancia, cuando el barrio era un universo y no había gesta más gloriosa que la de imponerse a los chavales que vivían en la calle de enfrente para sentirnos superiores y ser reconocidos como tal. La Liga era, a fin de cuentas, una extrapolación más o menos grandilocuente de ese territorio juvenil en cuya inocencia radicaba, también, su perversidad. En otros tiempos, uno era del Madrid porque vivía cerca de Concha Espina, o tenía familia por la zona, o sencillamente odiaba a los catalanes porque hablaban raro y eran, de algún modo, los judíos de la Península. Los mismos argumentos, pero a la inversa y con distinta justificación en el apartado de las procedencias, servían para sentirse más atraído por la elástica azulgrana que por la retórica merengue. Y así, el fútbol se convertía en un simpático campo de batalla donde se libraban inofensivas luchas sin cuartel en las que nadie moría ni mataba.
Ocurre que llegó después la Ley Bosman, los equipos se dejaron seducir por el fulgor comunitario y aquellos equipos que resultaban admirables por el afán con que se entregaban a su propia causa, coincidiera o no con la nuestra (pienso en el Madrid de Butragueño, en el Sporting de Quini, en el Deportivo de Arsenio), acabaron desprovistos de aquello que les había hecho grandes merced a la entrada en liza de mercenarios que podían ser mejores o peores, pero con los que uno no acababa de congeniar del todo. Los nuestros podían ganar o perder, pero uno no dejaba de pensar que ya no eran tan nuestros como antes. Y de pronto, en medio de todo este maremágnum de apellidos exóticos y fichajes supermediáticos, aparece Guardiola y se hace cargo del Barça y reinventa el fútbol por el procedimiento de devolverle su propia esencia en el fondo y en la forma. Primero, porque la escuadra que pone en pie domingo sí y domingo no a los asiduos del Camp Nou está formada, mayoritariamente, por chavales que aprendieron a jugar al fútbol en las mismas instalaciones de Les Corts. Segundo, porque lo hacen tan bien que en apenas dos años se han convertido en el mejor equipo de todos los tiempos. Es decir, que son los más chulos del barrio. Y encima, no han perdido su fama de niños buenos. Díganme qué otra cosa mejor podría desear ese zagal que todos nosotros llevamos dentro.
El Comercio, 22 de diciembre de 2010
El Comercio, 22 de diciembre de 2010
6 comentarios:
Venga, que tengas un triste año 2011 (en segunda)
Por muy triste que sea mi 2011, anónimo, nunca llegaré a ser tan triste como tú.
PD.- ¿Escuece mucho el culo después del 5-0?
Está claro que le escuece, y mucho. Meter al Sporting en esto es de rastreros y miserables. Además de funcionario y madridista es carbayón también? Caray hijo, nosotros igual tendremos un 2011 triste pero tú con lo que eres tienes para dos vidas completas. Que te cunda, rico! Feliz año, Miguel, sigue así. Muchos besos.
Cristina Pidal García (yo firmo, cobardica).
Cristina, para Reyes te puedes pedir una camiseta del Sporting, o si quieres puedes comprarla en esa caseta de obra a la que llamais "tienda oficial". O tambien puedes ir reservando la de la temporada que viene, ya sabes, la del regreso A SEGUNDA
Anónimo: lo peor no es que seas zafio, grotesco, semianalfabeto, cutre, despótico, prepotente, ruin, maleducado, retóricamente pobre, chabacano y repetitivo. Lo peor es que, además, eres un ignorante y, para más inri, lo llevas a gala.
La Tienda Oficial del Sporting está en la calle San Antonio, núm. 13, al lado de la calle Corrida y el puerto deportivo (no sé si alguna vez habrás visto el mar, es una cosa azul, líquida y grande que algunas ciudades tienen la suerte de tener; otras, no), y cuando quieras puedes ir por allí y romper a pedradas el escaparate, que es lo único que espero ya de un 'troll' tan cobarde, bilioso y desesperado como eres tú. No obstante, si resulta que conoces la caseta provisional que han instalado en los aledaños de El Molinón para vender bufandas y equipamientos diversos mientras duran las obras en el estadio, supongo que deberá a que debes pasarte por aquí de vez en cuando, lo que no me extraña, dado que pareces aficionado al fútbol y ni en el Nuevo Tartiere ni en el Bernabéu se ve últimamente mucho de eso.
Por otra parte, el hecho de que te metas con una lectora de esta bitácora que tiene el buen gusto de firmar sus comentarios (lo que hace que, ya de entrada, te dé a ti cien mil vueltas y te invalide para echarle nada en cara: recuerda que si sigues escribiendo aquí es porque yo te lo permito) sólo hace que me ratifique en todo lo que escribí en el primer párrafo. Que, antes de que se te ocurra la respuesta obvia, no son insultos, sino meros calificativos que te definen (y describen) a la perfección.
Muchos besos para ti también, Cristina. Y feliz año.
PARA LA CONCURRENCIA EN GENERAL: El anónimo ha intentado dejar un mensaje en este blog. En dicho mensaje se ofendía a terceras personas, y por eso no voy a publicarlo. No obstante, las líneas que vienen a continuación van dirigidas exclusivamente al anónimo en cuestión, así que, si no les interesa el tema, no tienen por qué seguir leyendo.
PARA EL ANÓNIMO: Vamos a ver... Puedes llamarme "escritor de segunda" todas las veces que quieras. Ni me ofende (viniendo de ti, es un halago) ni me preocupa: es a lo más a lo que puede aspirar un frustrado como tú. Me parece bien que la tomes conmigo. Si eres un mierda, eres un mierda, y bastante tienes con encontrar un sentido a tu gris y obtusa vida. Si canalizando en mi contra la estrechez que llevas dentro eres feliz, pues enhorabuena. Francamente, me la sopla. Lo que no consiento (ni voy a consentir) es que te ampares en tu cobarde anonimato para ofender a una persona que ha escrito aquí firmando con su nombre y apellidos. Abstente de volver a escribir nada en este blog, porque no conseguirás que tus excrementos verbales vean la luz. Has demostrado carecer de la más mínima educación. Y yo no quiero payasos por aquí.
Hasta nunca, energúmeno.
PD.- Si eres del Madrid, es normal que pienses que hay que pagar para tener títulos.
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