jueves 30 de diciembre de 2010

Bye bye, 2010


Me he puesto a pensar, ahora que se termina el año, en lo mejor de este 2010. Resulta que lo primero que se me ha venido a la cabeza es el gol de Iniesta a Holanda en la final del Mundial -en realidad, hubo otro momento mejor, sólo unos días después, pero, como suele decir un amigo, no es confesable-. A alguno le parecerá una frivolidad, pero no lo es en absoluto. Éste que termina ha sido uno de los años más hijos de puta que he tenido el gusto de conocer. Y, la verdad, llevo ya unos días deseando que se termine de una vez y que la hoja del calendario cambie,para poder instalarme en la ficción del borrón y cuenta nueva que uno siempre tiende a creerse por estas fechas.

Y eso que, pese a todo, fue un año más que coherente. Comenzó con una amenaza de despido (ya lo conté en octubre, en una entrada que fue muy leída) y termina conmigo en la cola del INEM. Y entre medias, si algo hubo fue encontronazos, baches, depresiones, desgracias propias (mínimas, por suerte) y ajenas (algo más graves), hipocresías, cambios de chaqueta, impresentables dispuestos a amargar la vida de los demás a costa de salvar (o eso creen, angelitos) su propio culo. Lo termino algo más calvo de lo que lo empecé. El mejor consuelo es que, pese a todo, puedo seguir mirándome cada mañana en el espejo.

Y hubo cosas buenas, claro, pero las malas fueron tan malas que es inevitable que se superpongan a la hora de mirar atrás. Hice nuevas amistades y afiancé otras que tenía medio desperdigadas, pasé uno de los veranos más memorables de estos últimos años, volví a Barcelona en un viaje relámpago y por sorpresa (y me dio tiempo a ver a casi toda la gente encantadora que conozco por allí, y pude celebrar luego a distancia con algunos de ellos el glorioso 5-0 del Camp Nou) y se puso en marcha un proyecto con una de las personas a las que más he admirado nunca y que verá la luz en tan sólo un par de meses. También hay un embrión de algo que aún no acaba de nacer, pero que, de momento, sigue ahí. Y todavía late.

Qué quieren que les diga. Todo el mundo vaticina calamidades para el año que empezará dentro de nada, pero, viendo cómo fue 2010, creo que el 2011 se merece, por lo menos, el beneficio de la duda. Que tengan todos un feliz año. Y que, como poco, lo terminemos los mismos que lo empezaremos.