lunes 22 de noviembre de 2010

'Restauración'

Hacía tiempo que quería escribir algo sobre Restauración, la antología poética de Xandru Fernández (Turón, 1971) -aquí, su bitácora- que publicó hace unas semanas Ediciones Trea, pero diferentes asuntos me han impedido ponerme con ello.

Hoy me he encontrado con que el poeta José Luis Piquero cuenta en su propio blog cómo surgió todo, así que -abusando de la confianza y asumiendo mi pereza- transcribo aquí lo que él escribió allí y dejo el pertinente poema a modo de muestra:

Los libros nacen azarosamente. Hace cerca de tres años, tomando whiskys en una terraza de Gijón con unos amigos escritores, le pregunté a Xandru Fernández por qué no publicaba su poesía en castellano. Él, con su característico sentido de la autocrítica, respondió que seguramente no merecía la pena. Yo afirmé calurosamente lo contrario y me ofrecí para seleccionar, traducir y prologar (el lote completo) una antología de sus poemas. Miguel Barrero, allí presente, se ofreció por su parte para hablar con Álvaro Díaz Huici, de Trea, como posible editor. En aquel momento, Xandru, como ha contado en su blog, pensó que era la típica propuesta nacida al calor del whisky y que el proyecto quedaría en nada. Agradeció las buenas intenciones con una sonrisa escéptica.

El libro, como ya he dicho, se titula Restauración, se subtitula Antología poética (1993-2009) y cuenta con los poemas originales de Xandru y las traducciones al castellano de Piquero. Dejo aquí una de las segundas. Entiendo que los (pocos) lectores con los que cuenta la literatura asturiana ya conocen de sobra al autor y sus muchos méritos.

OTRO POEMA SOBRE EL CENTRO DEL UNIVERSO

La misma piedra, la misma casa.
El mismo musgo, el mismo hogar, la senda
que conduce entre la hierba a la leñera.
La misma llovizna que ya cantaron otros.

Palabras conocidas y gastadas, significados
ocultos por el verdín del abandono:
os opongo el asfalto resquebrajado por los inviernos,
el tejado de uralita de la chabola y la cochera
donde nació el afán de redimirnos
a través de vosotras, edénicas palabras.
Que el mundo crece en círculos concéntricos
es fácil de entender, y siempre gana
la fuerza de atracción de esos momentos
soñados por la memoria o inventados por el olvido.
Igual que permanece el mismo musgo
en la piedra de los muros, en el tejado de uralita.

Palabras atrevidas y lejanas: ¿no estabais
también allí presentes, junto al hogar, bajo la llovizna,
desnudas e indecentes, rebeldes y promiscuas?
Os mudasteis a otro círculo, hambrientas de venganza.

La misma piedra ¿es acaso la misma?
La misma casa ¿no será otra casa?
Ese hogar reverdecido en los recuerdos ¿acaso lo encendimos?
Nos bañó esa llovizna, pero ¿nos acordamos?
La misma ruta, la misma senda.
El mismo afán, la redención, las mismas manos
que trabajan el abandono construyendo la memoria.

La misma fuerza que nos trae de vuelta a casa.