Pese a todas mis reservas, y nunca mejor dicho (once suplentes en la alineación inicial, Cuéllar en la portería después de unos cuantos meses sin disputar un partido oficial, un rival que hasta ahora nos había endosado nada menos que 13 goles -14 con el de esta noche- y al que sólo le habíamos metido uno desde nuestro regreso a Primera), el Sporting me sorprendió para bien. Me gustó mucho la seriedad de la defensa (con un Iván Hernández mayúsculo y un Sastre que en algunos momentos estaba desconocido) y la facilidad con la que robamos algún que otro balón bastante peliagudo, sobre todo en el primer tiempo. Hasta Paradas Romero -de tan infausto recuerdo- estuvo, si se obvia su desmesurada afición por sacar tarjetas amarillas (preferentemente con destinatarios rojiblancos), medianamente digno.Eso sí. No deja de doler ver cómo Villa estrella el balón contra las redes del Sporting, pero es nuestro sino. Supongo.
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