lunes 17 de mayo de 2010

Línea de Fondo-Jornada 38

Elogio de Preciado
Racing, 2-Sporting, 0

Los entrenadores son tipos solitarios, reflexivos e irritables. Tienen como misión principal la de construir la estructura de un equipo adecuando su forma de entender el fútbol -es decir, la vida- a la idiosincrasia del club que les toque en suerte, haciendo lo posible por amoldar los rasgos que configuran la identidad de la institución que les paga con los recovecos de su propia personalidad. Y es la complejidad de ese encaje de bolillos lo que termina granjeándoles el afecto o el odio de la grada y lo que, a la postre, les allana el camino a la gloria o les precipita en el abismo de la inanición. Uno se pregunta cómo serán las tardes del entrenador de fútbol y se lo imagina solo -en el salón de su casa, en la tranquilidad de un bar medio vacío, en algún cuarto de hotel- apuntando en un papel alineaciones, tácticas, planteamientos o alguna nota rápida con la que perpetuar una ocurrencia premonitoria sobre el siguiente partido, y lo ve después evaluando sus decisiones, analizando cómo ha de desempeñar su papel en esa jornada que está a punto de llegar y que, como todas las demás, puede marcar un antes y un después en el guión de su destino.

Ahora que hemos terminado nuestra segunda temporada en Primera con un resultado previsible -y que, por una vez, no contraviene en absoluto los principios de la lógica- y el objetivo debidamente cumplimentado, ahora que todos empezaremos a hacer nuestras propias cábalas para el año que viene e, inevitablemente, lanzaremos alguna que otra mirada al banquillo, quiero recordar que Manuel Preciado llegó a Gijón hace cuatro años para coger las riendas de un equipo que estaba a un tris de descender a Segunda B. Puede que sea por un exceso de romanticismo, o porque siempre he pensado que los detalles pequeños tienen más importancia que la que se les concede habitualmente, pero me inspiró simpatía en cuanto dijo aquello de que por aquí la gente andaba muy tristona y había llegado la hora de alegrarse un poco.

Dos años después, en una soleada tarde de mediados de junio, el Sporting volvía a Primera y, aunque hubo quien habló de la conveniencia de renovar el banquillo para afrontar la nueva etapa, los despachos decidieron darle a Preciado la confianza de la que él mismo se había hecho acreedor. Desde entonces, hasta ahora han pasado muchas cosas. Hemos visto al Sporting jugar partidos primorosos y dejarse ir en otros infumables. Hemos visto cambios incomprensibles y planteamientos espantosos. Hemos salido a hombros y hemos hecho el más abrumador de los ridículos. Nos hemos dejado encandilar tras gestas memorables y hemos visto cómo se nos caía el alma en contiendas horripilantes. Y sin embargo, pese a tanta fluctuación en el índice de los valores futbolísticos, algo tiene este tipo de dialéctica campechana y, a ratos, tabernaria (cómo olvidar aquella analogía de Pilatos y el Bayer Leverkusen) para que no acabemos de perder la fe. Acaso sea porque, en el fondo, su forma de ser coincide con la nuestra y, si aceptamos las tesis deterministas que inspiraron la novelística francesa del XIX, Preciado ya era del Sporting antes de que lo fichásemos, del mismo modo que uno se reconoce en las calles de una ciudad que no había pisado jamás o se ve a sí mismo al contemplarse en unos ojos que le miran por vez primera, quizás porque su bipolaridad coincide punto por punto con la nuestra y sabe dar gusto mejor que nadie a ese gen masoquista que todo buen seguidor del Sporting lleva dentro. Puede que no sea el hombre que más sabe de fútbol del mundo, pero estoy totalmente seguro de que nunca tendremos otro como él. Me gustó cómo lo resumió un buen amigo en una de estas últimas jornadas, tras encontrarnos a la salida de El Molinón: O no tiene ni puta idea, o es un genio. Cuatro años después de su desembarco en nuestras costas, y a tenor de lo poco que tenemos y del lugar en el que estamos, cada vez me decanto más por lo segundo.

El Comercio, 17 de mayo de 2010

Addenda final: Con este artículo concluyen, al menos por esta temporada (ignoro si me renovarán el contrato o piensan dejarme libre), mis crónicas sportinguistas de la temporada 2009/2010. Yo, que en los últimos siete años he venido tocando todos los palos del periodismo, no me había estrenado más que coyunturalmente en el deportivo, y me lo pasé muy bien asistiendo a los partidos y contándolos luego, a mi manera y sin más condicionantes que los que me vienen de fábrica. Soy muy consciente de que, de estas 38 crónicas, algunas estuvieron bien, otras no tanto y probablemente se colara alguna pésima. Traté de hacerlo, eso sí, lo mejor que pude en cada momento (uno, ya saben, no puede estar siempre pletórico). También sé que algunos, en algún momento, se sintieron ofendidos. Lo siento por ellos, pero ni se me pidió que fuese imparcial ni yo lo pretendí nunca, y avisé desde el principio. En fin: sólo quería concluir esta Línea de Fondo diciendo que ha sido un placer contarles a ustedes mis divagaciones futboleras semana a semana. Y que espero que a ustedes les resultara grato encontrárselas en las últimas páginas del periódico. Nos vemos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Dentro de las pésimas incluye la del Sporting-Real Madrid. Ya que el Comercio se está pensando renovarte, creo que es el momento perfecto para volver a hablar con ellos de aquel artículo, muchas gracias por esta valiosísima información.