lunes 26 de abril de 2010

Línea de Fondo-Jornada 34

No hay salida
Sporting, 0-Valladolid, 2

Tiene (maldita) gracia que fuese el recoveco menos imparcial de El Molinón el que mejor supo desarrollar, aunque lo hiciera de manera premonitoria e involuntaria, una lectura tan rotunda como esclarecedora del partido. Ocurre que en el momento en que los futbolistas saltaban al campo, del anfiteatro del fondo Sur colgaba una pancarta en la que podía leerse Bienvenidos al infierno. ¡¡No hay salida!!, sentencia que, con toda su amenazante espectacularidad, no dejaba de ser una 'boutade' sin otra pretensión que la de amilanar a un equipo y una afición que llegaban necesitados de puntos y autoconfianza y a los que se les debía por estos pagos una hostilidad derivada de los malos modos con los que ellos tuvieron la dudosa amabilidad de recibirnos hace más o menos un año. La cosa no hubiese pasado de constituir una mera anécdota más o menos simpática de no ser porque a los cinco o diez minutos del partido, cuando el Valladolid ya se había acercado una o dos veces al área del Sporting -no con demasiado peligro, pero sí con bastantes ganas-, los dueños de la enseña procedieron a retirarla y se detuvieron en mitad de su empeño, de forma que aquel lema que pretendía constituir un severo aviso para los rivales acabó transmutándose en un neutro No hay salida que tal parecía metaforizar la situación definitoria, primero, del encuentro y, más tarde, de las circunstancias y el ánimo de una escuadra, la rojiblanca, que saltó al campo con la esperanza (supongo) de dejar lo más finiquitado posible el antes liviano y ahora enojoso trámite (si es que aún sigue siéndolo) de la permanencia y acabó abandonándolo con la espada de Damocles acercándose peligrosamente a unas cabezas que, si he de ser sincero, no tengo ni idea de en qué piensan desde hace unas semanas.

No hay salida. A tenor de lo visto en estas últimas jornadas, y mirando las que faltan desde la perspectiva que nos dan los tiempos que corren, el mensaje no puede resultar más simple, ni más certero, ni ofrecer un diagnóstico mejor de un estado de las cosas que se ha ido deteriorando conforme avanzaban los días y lo que una vez dio la impresión de ser un equipo ha acabado transmutándose en un cúmulo de desastres incapaz de chutar a portería ni de estar al quite para evitar debacles como éstas con las que nos han estado obsequiando en estos últimos compases del calendario. Como en aquella vieja pieza de la nova cançó en la que todo acababa siendo gris tras perder un amor, El Molinón ha dejado de ser aquel campo propicio a la alegría y las ensoñaciones y es ahora un nido de incertidumbres donde sólo hay lugar para la duda y los ajustes de cuentas, más o menos pertinentes, entre la afición y una plantilla que cada vez se parece más a la sombra de sí misma y que últimamente me recuerda al Alonso Quijano que terminaba postrado en cama, tras abandonar el delirio al que él mismo había querido someterse, para redescubrir la fealdad del mundo que giraba en derredor. Aquel clarividente pintor que fue Francisco de Goya dejó escrito en un grabado que el sueño de la razón produce monstruos. No sé si fue la razón o su contrario lo que nos llevó a hacernos ilusiones hasta hace apenas dos meses. Lo que sí sé es que este despertar no está resultando agradable. Y que no lo será hasta que alguien sea capaz de dar con la salida o, al menos, descubra cuándo y cómo hemos acabado metiéndonos en este largo túnel.

Foto: Joaquín Bilbao
El Comercio, 26 de abril de 2010

3 comentarios:

J. C. Gea dijo...

¡Vuelve, Jovellanos!

Céfiro dijo...

No os quejeis tanto... que vais a salvar el culo otro año más. Y ya van dos con esa plantilla que no es de Primera. No lo es. Preciado ha sacado petróleo de esos chicos a lo largo de estos tres años. Pero atentos porque no le va a dar para otro. O se refuerzan, y bien, o van al pozo. Saludos.

Santiago Bertault dijo...

Al final librareis, pero el día menos pensado si que se os va a quemar el culo de tanto acercarlo a la zona caliente. Por supuesto y como corresponde a alguien no politicamente correcto celebraré ese día con la mejor de mis sonrisas.
Uno del Oviedo naturalmente.