ResurrecciónZaragoza, 1-Sporting, 3
Nunca he estado en Zaragoza, pero una conocida me contó una vez que en un rincón de la basílica de El Pilar puede verse un obús que cayó en plena guerra civil y que, por azares del destino, nunca llegó a estallar. La bomba se quedó allí como recuerdo de aquellos tiempos salvajes y en señal de agradecimiento a una Virgen que siempre ha tenido fama de milagrosa, y la metáfora no viene mal para referirse a un Sporting que saltó al césped de La Romareda unas cuantas jornadas después de declararse la guerra a sí mismo convirtiendo el ilusionante inicio de la campaña en un presunto espejismo y necesitado de un chute de vanidad que le permitiera recolocarse para perseverar con unas mínimas garantías en el obligado empeño de ganar al menos seis partidos de aquí a final de curso. Herido en la línea de flotación y en el orgullo, el equipo requería una dosis de autoestima que la capital aragonesa no parecía dispuesta a administrarle pero que acabó llegando sin que el Sporting desplegara un juego deslumbrante ni presentara unas credenciales muy distintas a aquellas a las que nos tiene acostumbrados cada vez que tiene enfrente rivales de su talla. Y lo hizo además recuperando para la causa a sus delanteros naturales, un hecho que no pasaría de constituir una anécdota si no fuera porque, hasta ayer, entre los dos sólo habían sumado cuatro goles desde el inicio de la Liga y había motivos para estar convencido de que no había mucho lugar para la esperanza más allá de la línea imaginaria que une las posiciones de Diego Castro y Carmelo.
El partido se convirtió, así, en una especie de reivindicación de los viejos tiempos, con el protagonismo repartido entre tres jugadores de los que no sabíamos hacía tiempo y que en su día marcaron la diferencia en momentos cruciales de nuestra historia reciente. Porque a la hazaña de la Doble B -es verdad que el mérito del gol de Bilic fue de Lora y que el croata llegó justo, y que el pelotazo de Barral se coló en la red de la misma manera que pudo no haberlo hecho, pero también es necesario estar ahí y ponerse manos a la obra- se sumó la fastuosa reaparición de Luis Morán (una amiga dice, con mucha gracia, que el entierro de la sardina acabó siendo el preludio de la resurrección de la parrocha) para demostrar que un centro del campo creativo y una defensa eficaz no son nada sin una línea de tres cuartos convincente y unos arietes con el cargador lleno y dispuesto. Si, antes de que el árbitro señalara el comienzo, la victoria era una posibilidad lógica aunque difícil, ganar como acabamos haciéndolo -por dos goles de diferencia, con tres a favor, en campo adverso y con las firmas de unos artilleros en horas bajas- no deja de tener regusto a milagro, como si el obús que pudo haber precipitado la autodestrucción deportiva y psicológica del Sporting no llegara a explosionar y se quedara languideciendo inerte a orillas del Ebro. Lo que no sé, dadas las circunstancias, es qué pensará la Virgen del Pilar de todo esto.
El Comercio, 22 de febrero de 2010
El Comercio, 22 de febrero de 2010
1 comentarios:
POR UNA LEY ELECTORAL JUSTA Y DEMOCRÁTICA: http://www.meneame.net/story/congreso-decide-manana-cambia-ley-electoral
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