La lectura obligatoria que mi instituto programaba para la asignatura de Lengua Española y Literatura en el segundo trimestre de 2º de BUP (1995/1996) era El guardián entre el centeno. Lo leí sin saber quién era Salinger y sin conocer toda la leyenda que se había engendrado alrededor del libro en cuestión. La mayoría de mis compañeros lo aborrecieron. Creo que yo no lo entendí del todo, pero le vi algo que hizo que lo pusiera en el montón al que iban a parar los libros que pensaba releer algún día. Lo hice un par de años después, cuando en mi primer día en Salamanca conocí a una chica que me tuvo esperando a las puertas de una librería de la calle Meléndez mientras ella entraba a hacerse con un ejemplar de los cuentos del escritor norteamericano. Aquella noche me enfrenté por segunda vez a sus páginas, y descubrí lo que apenas había entrevisto en mi primer acercamiento.Creo que he leído esa novela un par de veces más. La última, hace poco, cuando Alianza la reeditó con ocasión de alguna efeméride que ya no recuerdo. Para entonces ya sabía quién era Salinger, ya conocía el mito que se había creado en torno a la figura de Holden Caufield y sus andanzas y mi mirada, claro, no podía ser tan inocente como la que le había dirigido a los quince años. Para entonces ya sumaba a mi predilección por la novela una comprensible admiración por el peculiar modus vivendi de su autor, recluido en su casa de New Hampshire a salvo de periodistas, groupies y curiosos y entregado a una escritura secreta cuyos frutos jamás verían la luz porque él mismo había decidido no volver a entregar nunca nada a la imprenta. Se dice ahora que su odio a la popularidad se debe a que ésta le llegó tarde, o por lo menos no cuando él hubiese querido. Pero puede que también pesase la terrible certeza de que, cuando uno escribe una obra maestra, lo tiene muy difícil para superarse a sí mismo. Prefiero imaginar que, aun con su carácter irascible y malencarado, Salinger prefirió abandonar el escenario porque supo o intuyó que nada de lo que pudiera publicar después iba a estar a la altura de la única y magnífica novela que había dado a conocer en vida. Me temo que en unos meses, ahora que él ya no puede defenderse, empezará el constante goteo de inéditos. Ojalá se le permita tener muerto la misma paz que él quiso disfrutar vivo.
Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo cuando van entre el centeno, muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños, y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde del precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezo a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Yo sería el guardián entre el centeno.
3 comentarios:
El guardian ye la historia de un contador de histories, ye la búsqueda verdadera en la que lo primero que hay que averiguar ye lo que estamos buscando.
El sueñu ye una de mis partes favorites, el capítulo en el que visita a la hermana ye una maravilla también y muches otres coses...DEP
También fue lectura obligatoria para mi (en 4º de ESO), seguro que de las más acertadas.
Librería Victor Jara, ¿verdad?
En efecto, David. Librería Víctor Jara.
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