
Una de las cosas que menos me gusta de Internet es lo mucho que proliferan en ella los cobardes. El anonimato, que en unos casos puede ser bueno y hasta deseable, acaba convirtiéndose no pocas veces en la máscara tras la que se esconden quienes optan por la injuria, la calumnia o el insulto y saben que en la Red pueden gozar de una impunidad casi total a la hora de poner en práctica su estrategia de aplicar un ventilador sobre la mierda para ver hasta dónde llegan las salpicaduras. Quienes tenemos la sana costumbre de firmar lo que escribimos -es decir, quienes nos responsabilizamos de todas y cada una de nuestras palabras, aunque luego puedan estar equivocadas- solemos ser de cuando en cuando víctimas de sus fechorías. No es la primera vez que se meten conmigo en Internet. No será la última. A decir verdad, me importa muy poco. Hace unos meses un escritor asturiano escribió (éste sí firmaba su artículo, y eso le honra) una hilarante columna contra mí que ni siquiera llegué a responder porque entendí que la estulticia de sus argumentos era tal que no merecía la pena darles el menor pábulo. Sí le contesté después, cuando publicó otro artículo en el que atacaba a dos amigos míos sin el menor recato ni razón, porque entendí que de alguna manera había que hacer que sus insidias no cayeran en saco roto.
El caso que me ocupa hoy es parecido. El poeta
Rubén Rodríguez (hasta la fecha ha publicado una
plaquette en 1999 y un poemario en 2003 y fue presidente de la
Asociación de Escritores de Asturias) tiene
una bitácora que firma anónima y acertadamente como
Rufián Rodríguez y donde ha publicado recientemente
una entrada que se titula
¿Qué está pasando en Verines? y que no tiene desperdicio (y no precisamente por los errores gramaticales que se suceden sin tregua, allá cada cual con el castellano que usa en las cosas que escribe y que deja expuestas a la luz pública). Como tiene la osadía de criticar ciertas cosas sin haberse molestado en hacer un mínimo acopio de información (cosa que sí hacemos esos periodistas a quienes tanto critica entre líneas), voy a permitirme contestarle (yo no lo sé todo, pero sí algo) algunas de las cuestiones que plantea. Y también le haré algunos comentarios al margen. Y firmando con mi nombre.
1. Dice el Rufián:
Aparece [en el periódico]
un artículo sobre los encuentros de Verines (como todos los años), este año toca sobre periodismo cultural (¿Periodismo cultural? una contradicción en sí misma).Respondo yo: Si los Encuentros de Verines se celebran todos los años, es normal que todos los años se informe sobre ellos, igual que se informa sobre los Premios Príncipe de Asturias, los Debates sobre el Estado de la Nación, los Premios Nobel, los encierros de San Fermín o las reuniones que la Asociación de Escritores de Asturias monta en Pravia, por poner cinco ejemplos. En cuanto a la contradicción en sí misma, no sé dónde la encuentra. Todo el mundo sabe (quizás él no) que el periodismo cultural es aquél que se ocupa de lo que comúnmente se reconoce como cultura (literatura, arte, cine, teatro, música...). En cualquier caso -si aceptamos que todo es cultura y que el periodismo en general (por formar parte de ese
todo y por referirse a él) es también cultura-, no habría que hablar de
contradicción, sino de
redundancia. O, si se me permite la lindeza, de
pleonasmo.
2. Dice el Rufián:
Unos encuentros de literatura privados donde veinte o treinta personas se dedican a debatir entre el bien y el mal.Respondo yo: Una persona puede
debatirse entre el bien y el mal, pero un grupo de personas, en este caso concreto, debatiría
sobre el bien y el mal. Aclarado esto, no deja de hacerme gracia ese adjetivo,
privados, escrito con unas resonancias tan hipercríticas. Que yo sepa, también son privados los congresos de medicina o las deliberaciones de los jurados del Cervantes, y nadie se escandaliza. Como vienen a serlo la mayoría de las actividades que se organizan en Pravia cuando la Asociación de Escritores de Asturias organiza allí sus jornadas.
3. Dice el Rufián:
Me gustaría ver las actas de sus intervenciones, asistir como público (por cierto, sepan ustedes que no se puede asistir a tales eventos literarios que luego publican con posterioridad a bombo y platillo).Respondo yo: Existe
una página web donde uno puede consultar todo lo que quiera acerca de los Encuentros de Verines, incluidas las ponencias o intervenciones de los participantes. Para llegar a ella, basta con entrar en
Google y teclear en la barra del buscador las palabras
Encuentros de Verines (así, sin comillas ni nada). Supongo que el Rufián no tuvo tiempo de hacer la prueba o que, sencillamente, no se le ocurrió, pese a que parece estar muy interesado en el tema. En cuanto a que no se puede asistir como público, es cierto. Los Encuentros de Verines están concebidos como una reunión de profesionales que se dedican a debatir sobre sus cosas, por lo que no se trata ningún tipo de asunto que se pueda considerar de interés general. No obstante, quienes estén verdaderamente interesados pueden leer los textos completos de los invitados en la página cuyo enlace pueden encontrar unas líneas más arriba. La subordinada
que luego publican con posterioridad a bombo y platillo me resulta del todo ininteligible (¿qué es lo que se publica? ¿Los Encuentros o la información sobre los mismos? ¿O querrá decir que los Encuentros se
publicitan a bombo y platillo? Cuánta confusión...), así que no puedo hacer comentarios al respecto.
4. Dice el Rufián:
Mas tarde, nos enteramos a toro pasado, quién a ido [sic.] (generalmente
suele ser personas invitadas que con interés desinteresado hacen el articulito para: La Nueva España, Les Noticies y otros diarios regionales).Respondo yo: En
Les Noticies (es el semanario cuya sección de Cultura coordino) salió publicada, en la primera semana de septiembre -si no recuerdo mal-, una información sobre los Encuentros de Verines con la lista completa de invitados. Supongo que el Rufián no la leyó. Asimismo, me consta que
Luis García Jambrina, organizador del evento, hizo llegar sendas notas de prensa a las redacciones de
La Nueva España y
El Comercio. No sé si ellos lo publicaron o no, pero la decisión, en ese caso, corría a cargo de los responsables de las secciones de Cultura respectivas, así que puede preguntarles a ellos directamente los motivos por los que no sacaron nada en sus periódicos. Como
Tino Pertierra escribió un artículo para
La Nueva España y yo hice lo propio para
El Comercio (imagino que irá incluido en esos
otros diarios regionales), debo aclarar que mi interés no fue en absoluto desinteresado (como él dice con ese hábil juego de palabras que haría las delicias de un profesor de Literatura de Primaria): cobré el artículo, como cobro todo lo que publico en prensa. Y si lo escribí fue porque me lo encargó
María de Álvaro, jefa de la sección cultural del diario gijonés, cuando supo que iba a acudir a los Encuentros. Quiero decir que en ningún caso se me invitó a los mismos bajo la condición de que escribiese nada para nadie.
5. Dice el Rufián:
Como ciudadano, me parece una vergüenza que actividades culturales tengan un carácter privado y las paguen: El Ministerio de Cultura, Principado y ayuntamientos de la región. Como escritor, en absoluto estoy de acuerdo con el concepto que se proyecta del artista: una persona elitista y ajena al mundo que le rodea, sin ningún tipo de contacto con la población que lo acoge.Respondo yo: Ningún ayuntamiento pone un duro. El Principado de Asturias se limita a pagar una cena (lo que no creo que sea mucho, no sé cuántas subvenciones concede a la Asociación de Escritores de Asturias ni cuál es su cuantía), la Universidad de Salamanca pone la casona donde se celebran los Encuentros y entre ella y el Ministerio de Cultura corren con los gastos pertinentes. Respecto a lo del concepto del artista, no tengo mucho que añadir a lo que ya he dicho anteriormente: igual que un fontanero no pinta nada en un congreso de cirugía, tampoco pinta mucho la presencia de público en unos Encuentros que, por otro lado, giraron precisamente este año en torno al periodismo cultural, sus objetivos y su relación con los lectores (es decir,
el mundo que le rodea).
6. Pregunta el Rufián:
¿Cuánto cuesta Verines a los ciudadanos?Respondo yo: Bastante menos que las fiestas de Begoña o San Mateo, los Premios Príncipe de Asturias o cualquier gran concierto que se dé por estos pagos.
7. Pregunta el Rufián:
¿Cuanta gente exáctamente va a dichos encuentros?Respondo yo: Si no recuerdo mal, este año éramos 23 invitados. También estaban
Luis García Jambrina (organizador),
Rogelio Blanco (director general del Libro), su chófer y dos chicas del Ministerio que desempeñaban labores de logística. Es decir, 28 personas.
8. Pregunta el Rufián:
¿Dónde está [sic.]
las cuentas públicas de tal desembolso literario?Respondo yo: Supongo que puede encontrarlas en los presupuestos del Ministerio de Cultura, la Universidad de Salamanca, el Principado de Asturias y la Fundación Príncipe de Asturias (que, al igual que el gobierno autonómico, nos invita a una cena). No creo que se los nieguen si los pide. Y una aclaración: el verbo
estar, que es intransitivo, debe coincidir en número con su atributo.
9. Pregunta el Rufián:
¿Qué interés tiene una actividad cultural a la que practicamente ningún elemento del mundo literario asturiano participa [sic.]
ni tampoco los ciudadanos del lugar?Respondo yo: Me temo que ese
a la que prácticamente ningún elemento del mundo asturiano participa (debería decir
en la que prácticamente..., pero bueno) significa en realidad
a la que a mí nunca me han invitado, pero esto no es más que una suposición personal. Por Verines han pasado, en estos 25 años y que yo recuerde ahora mismo,
Xuan Bello,
Ricardo Menéndez Salmón,
Miguel Rojo o
Vanessa Gutiérrez, entre otros muchos escritores asturianos. En esta edición éramos tres los asturianos participantes (
Tino Pertierra,
Luis García y un servidor). Si se tiene en cuenta que los Encuentros tienen una dimensión estatal y que se autodenominan
Encuentros de Escritores y Críticos de las Lenguas de España, no está mal el cómputo de tres sobre veintitrés. Por otro lado, en Pendueles -la localidad llanisca donde se celebran los Encuentros- no debe de haber más de cincuenta vecinos, y no me parece que a ninguno le concerniese demasiado lo que podíamos hablar o no en la Casona. En cuanto al interés, es de necios pensar que estas cosas no sirven para nada. En Verines hubo ideas, hubo reflexiones, hubo (sobre todo) una constatación del desconcierto que resultó muy provechosa en muchos aspectos, y los frutos se irán dando con el tiempo. Se trataba de charlar tranquilamente, discutir y encontrar discrepancias y puntos en común. No íbamos allí para marcar paquete ni a mirar a ver quién la tenía más larga.
10. Dice el Rufián:
Luego, vemos en la prensa regional los articulitos de turno, de lo bien que lo han pasado y lo mucho que han trabajado nuestros escritores o "periodistas privados", eso si, de forma privada, ocultando lo que se dice y se hace, una oscura forma de hablar de literatura pero con el dinero del resto.Respondo yo: Si los artículos contaban
lo bien que lo habíamos pasado y
lo mucho que habíamos trabajado, sería que la privacidad no era tanta. Si las ponencias están disponibles en Internet (claro que esto él no lo sabía, ay) será porque tampoco hay demasiada opacidad en este asunto. Lo de la
oscura forma de hablar de literatura y los
periodistas privados es una idiotez tan grande que no merece mayor comentario. En cuanto al
dinero del resto, todas las actividades que organizan las instituciones públicas se hacen con el dinero de todos, tanto los Encuentros de Verines como las carreras de
Fernando Alonso por las calles de Oviedo (supongo que eso sí tendrá un valor intrínseco) o los conciertos de los Rolling Stones. El Rufián, que dice ser escritor, debería saber que la cultura no puede evaluarse en términos de rentabilidad práctica, pero si no ha llegado todavía a esa conclusión lo siento mucho, yo no tengo ninguna gana de explicárselo.
11. Sigue el Rufián:
Una vergüenza, y lo peor de todo es no ver ningún artículo criticando el evento, sacando a debate algo que lleva sangrando en Asturias [sic.]
más de veinticinco años.Concluyo yo: A lo mejor es que no hay nada que criticar. Y en cualquier caso, no serían los Encuentros los que
sangrasen en Asturias, sino que a Asturias
la estarían sangrando los Encuentros. Un escritor que se precie no debería confundir sujetos y predicados, por la cuenta que le trae. Pero lo importante es que a Asturias nadie le sangra nada, porque -como ya he explicado- la Casona de Verines es propiedad de la Universidad de Salamanca y los Encuentros los financia el Ministerio de Cultura.
12. Concluye el Rufián:
...algunos reclamamos el derecho a la protesta: constructiva, alta y clara, sin acritud pero directa pues como dice el dicho: el calla otorga [sic.],
y los dichos populares van siempre cargados de mucha razón.
Y remato yo: Me parece bien, siempre y cuando el que protesta constructiva y claramente sepa medianamente de qué está hablando. Cualquiera pueda dar su opinión, pero el que ésta sea o no respetable depende de lo fundada que esté. En cuanto al dicho popular, se escribe (y se dice)
El que calla, otorga (con la coma incluida). Él lo ha transcrito tan mal que, justo al final de su entrada, se ha visto totalmente desprovisto de razones. Pobre...