Nunca conocí a Javier Medina, pese a que leía con auténtico placer sus columnas en El Comercio y procuraba estar al tanto de las películas que iba haciendo y compartíamos algún amigo común y solíamos frecuentar la misma librería. Cuando se murió, le dediqué un artículo que les gustó mucho a su viuda y a sus amigos, y por esa razón me llamaron hace unos meses para pedirme que participara en un documental que estaban rodando a modo de homenaje. Aunque tuve dudas de que mi testimonio pudiese servir para algo (a fin de cuentas, no podía decir mucho más -incluso diría más bien menos- de lo que ya iban a contar quienes sí le habían tratado y conocido), acabé accediendo, aunque finalmente no pude acudir a la grabación por un problema de incompatibilidad de horarios. Ese documental puede verse desde el jueves pasado, y hasta el 1 de febrero del año que viene, dentro de la exposición Recuerdos de cuando fui mujer, que agrupa la obra más reciente de Medina en el Museo Barjola (Gijón). Sólo podía sumarme al homenaje de una forma que, además, tiene bastante sentido, ya que fue así como empezó mi relación con los deudos del artista: escribiendo otro artículo que ha salido publicado hoy en el diario El Comercio. Éste es.
Los mundos de MedinaQue Javier Medina no era un tipo cualquiera lo sabíamos quienes buscábamos con puntualidad metódica las columnas sabatinas que durante años publicó en este mismo diario. Que era, además, un cineasta tan personal como impactante me lo descubrió un amigo común que me hizo seguir la pista de algunas de sus películas, tan subterráneas como deliciosas. Que en su mente anidaba una imaginación tan rica como fecunda e insondable no dejaba de ser una conclusión de las dos evidencias anteriores, pero lo que hasta ahora fue intuición cobra vida estos días en las paredes del Barjola, donde las últimas creaciones de este artista en la sombra -fotografías manipuladas que retratan un mundo presidido por un surrealismo delirante y donde el erotismo y la fantasía se dan la mano en un portentoso juego de espejos (cóncavos y convexos)- se muestran por primera vez al público para sorpresa de unos y desconcierto de casi todos.
Que Javier Medina era uno de los abogados más reputados de la ciudad y también una de las personas más cultas que pisaron estas calles en estos últimos tiempos era algo de sobra conocido por la mayoría de nuestros convecinos, hubieran tenido o no trato directo con su persona. Que a partir de ahora su nombre debería pasar a engrosar la lista que conforman los más reputados, controvertidos y refinados artistas del Gijón de entresiglos es una convicción que acabarán teniendo todos los que se animen a traspasar las puertas de la antigua casona de la calle de la Trinidad para descubrir unos mundos que, por insólitos que parezcan, no dejan de estar en éste.
El Comercio, 19 de diciembre de 2009
El Comercio, 19 de diciembre de 2009
5 comentarios:
Magnífico comentario. Que pena que no hayas podido participar en el video.
A propósito, tres enlaces relacionados:
www.museobarjola.es
www.fotosdeasturias.com
www.sinlavenia.com
Hace unos años, la Semana Negra publicó el libro "Javier Medina, la persistencia de la visión". Quien tenga a su alcance uno de los pocos ejemplares de este libro puede considerarse con el privilegio de conocer mejor al hombre y al artista, porque la entrevista realizada por Rubén Paniceres y Angel de la Calle convierten su lectura en una charla con Medina. El libro fue el primero de la colección HERMOSOS Y MALDITOS y contiene los carteles de varias de sus películas y algunos dibujos suyos, realizados de muy joven (firmados como Pachi)que ya muestran hacia donde apuntaba su espíritu creativo. Hace unos días, buscando en la red, conseguí un ejemplar en una librería virtual, pero creo que ahora está agotado. Un libro imprescindible para los que gozan adentrándose en el universo de Javier Medina.
Yo fui uno de los afortunados que consiguió un ejemplar de este libro, y de los muchos que disfrutaron de la tertulia que se organizó con Javier Medina y Pedro de Silva. Recuerdo aquella carpa repleta de gente; unos, conocedores de su obra, otros, simples espectadores de bocadilo, pero todos ellos finalmente atrapados por la palabra transguesora y divertida de Medina, como en una escena del Angel Exterminador.
Yo, que tuve la oportunidad de conocer al Javier Medina hombre,abogado y artista, me quedo con la descripción que hace Angel de la Calle en su prólogo, que transcribo: " Aprendías cine, y la narrativa, donde podías. Yo tuve suerte, aprendí en el mejor aula posible y con los profesores más conspicuos: las gentes que pasaban por la librería Musidora; Antonio Arribas, Maximino Marino; De Silva, Juan Boni, Paco Taibo, De Blas; algún otro y claro, Javier Medina. Este era de los más peligrosos, porque transicionaba de la teoría a la praxis sin pasar por la síntesis, o la sintaxis. Medina estaba empeñado en decorar las paredes del Ateneo Libertario de la Calle Camposagrado- dónde iba a estar si no- con Bakunin, Kropotkin, Breton y otros notables, pintados encaramados a un globo aerostático en medio de la selva, como si los hubiera soñado Julio Verne una mañana de fiebre".
Para mi, como para muchos, a Javier Medina aún no se le ha dado su lugar, que es, sin duda, entre los grandes,
En esos días, disfrutando del placer de rebuscar en las librerías (que espero que no nos arrebate la maravillosa época digital) cai en la tentación de llevarme varios ejemplares del catálogo de Medina; uno para mí y el resto para regalo de aquellos y solo aquellos que viven el arte como un sentir, en vez de un tratar de comprender.
Convirtiendo la página de este magnífico blog en un foro de los Medinianos, y al hilo del anterior comentario, dedico estas palabras a aquellos que, al leer los artículos de Medina o frente a sus infografías (que él llamaba escenas) y tras el aterrizaje del subconsciente al consciente se preguntaban "si pero,...¿qué quiere decir? ¿qué significan?.
Para ellos, los que siguen creyendo que el trayecto más corto entre dos puntos es la linea recta, los que saltan con red, los que cuentan a su mano derecha lo que hace la izquierda, los que dejan que a Aristipo lo ecilpse Platón, para ellos las palaras de Angel de la Calle en ese delicioso libro " Javier Medina la persistencia de la Visión" que es un manual de la filosofía de Aristipo de Cinere pasada por el nada convencional filtro mediniano:
"Y un día nos ensenó su peliculita de caracoles,y los de mi generación- mitómanos y bobos- nos fuimos a reflexionar, porque no entendíamos nada. Que era lo que había que entender, pero entonces no podíamos saberlo"
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