jueves 31 de diciembre de 2009

Microcosmos176: 2010

Nunca le he visto demasiado sentido a la Nochevieja porque, en el fondo, todos sabemos que el año no empieza realmente en enero, sino en septiembre, y que lo que nos aguarda a la vuelta de Reyes no será más que una continuación de lo que ya hayamos inaugurado en el otoño. Y sin embargo, resulta difícil sustraerse a la magia que produce el estreno de esos cuatro dígitos con los que tendremos que convivir a lo largo de los doce meses que vienen y evitar la euforia que probablemente nos invada cuando el reloj de la Puerta del Sol dé esta noche su duodécima campanada y sintamos que se abre ante nosotros un nuevo camino cuyo destino y posibilidades resultan tan desconocidas como atrayentes. La sensación de empezar un año se asemeja mucho a la que sentíamos cuando, en el colegio, estrenábamos libreta nueva y llenábamos las primeras hojas con una letra pulcra y bien cuidada que no tardaba en embarullarse más que unos pocos días, los justos para acostumbrarnos al tacto de las tapas nuevas o para ver en lo que había sido un cuaderno prometedor y brillante un objeto más de cuantos se vinculaban a nuestras obligaciones escolares.

Por eso, pese a todo, me gusta la Nochevieja. Porque, aunque sepamos que es mentira, resulta bastante placentero abrazar la ingenuidad durante unas horas y desearle a todo el mundo un feliz año, aun a sabiendas de que el destino rara vez tiene en cuenta las voluntades de nadie. Porque, aunque tal y como están las cosas no parece que vengan bien dadas para nadie, siempre es gratificante ver a la gente con la sonrisa puesta, reencontrarse con esos amigos que viven lejos y a los que uno sólo ve por estas fechas y escuchar las peripecias que han venido pasando a lo largo del año que se va, prometerse a uno mismo ciertas cosas que en el fondo sabe que no va a cumplir jamás y repetir, una vez más, que lo más importante de todo es que acabemos despidiendo el 2010 los mismos que ahora lo empezamos. Se da la circunstancia, además, de que por estas fechas se cumplen cuatro años del nacimiento de este Microcosmos, lo que viene a significar que con éstas son cuatro las navidades que llevo amargándoles el turrón, así que sería muy descortés por mi parte finalizar esta columna (y este año) sin darles las gracias por la paciencia que han tenido al aguantarme durante todo este tiempo. Ha sido un placer. Y feliz año nuevo.

El Comercio, 30 de diciembre de 2009

2 comentarios:

Rocío dijo...

Feliz año para ti también.

NV BALLESTEROS dijo...

Te deseo que tu microcosmo festeje muchas navidades más...

Me gusto la metafora del cuaderno...Así comienzan las promesas.
Besos