domingo 27 de septiembre de 2009

A vueltas con Verines (del anonimato y la desinformación)

Una de las cosas que menos me gusta de Internet es lo mucho que proliferan en ella los cobardes. El anonimato, que en unos casos puede ser bueno y hasta deseable, acaba convirtiéndose no pocas veces en la máscara tras la que se esconden quienes optan por la injuria, la calumnia o el insulto y saben que en la Red pueden gozar de una impunidad casi total a la hora de poner en práctica su estrategia de aplicar un ventilador sobre la mierda para ver hasta dónde llegan las salpicaduras. Quienes tenemos la sana costumbre de firmar lo que escribimos -es decir, quienes nos responsabilizamos de todas y cada una de nuestras palabras, aunque luego puedan estar equivocadas- solemos ser de cuando en cuando víctimas de sus fechorías. No es la primera vez que se meten conmigo en Internet. No será la última. A decir verdad, me importa muy poco. Hace unos meses un escritor asturiano escribió (éste sí firmaba su artículo, y eso le honra) una hilarante columna contra mí que ni siquiera llegué a responder porque entendí que la estulticia de sus argumentos era tal que no merecía la pena darles el menor pábulo. Sí le contesté después, cuando publicó otro artículo en el que atacaba a dos amigos míos sin el menor recato ni razón, porque entendí que de alguna manera había que hacer que sus insidias no cayeran en saco roto.

El caso que me ocupa hoy es parecido. El poeta Rubén Rodríguez (hasta la fecha ha publicado una plaquette en 1999 y un poemario en 2003 y fue presidente de la Asociación de Escritores de Asturias) tiene una bitácora que firma anónima y acertadamente como Rufián Rodríguez y donde ha publicado recientemente una entrada que se titula ¿Qué está pasando en Verines? y que no tiene desperdicio (y no precisamente por los errores gramaticales que se suceden sin tregua, allá cada cual con el castellano que usa en las cosas que escribe y que deja expuestas a la luz pública). Como tiene la osadía de criticar ciertas cosas sin haberse molestado en hacer un mínimo acopio de información (cosa que sí hacemos esos periodistas a quienes tanto critica entre líneas), voy a permitirme contestarle (yo no lo sé todo, pero sí algo) algunas de las cuestiones que plantea. Y también le haré algunos comentarios al margen. Y firmando con mi nombre.

1. Dice el Rufián: Aparece [en el periódico] un artículo sobre los encuentros de Verines (como todos los años), este año toca sobre periodismo cultural (¿Periodismo cultural? una contradicción en sí misma).

Respondo yo: Si los Encuentros de Verines se celebran todos los años, es normal que todos los años se informe sobre ellos, igual que se informa sobre los Premios Príncipe de Asturias, los Debates sobre el Estado de la Nación, los Premios Nobel, los encierros de San Fermín o las reuniones que la Asociación de Escritores de Asturias monta en Pravia, por poner cinco ejemplos. En cuanto a la contradicción en sí misma, no sé dónde la encuentra. Todo el mundo sabe (quizás él no) que el periodismo cultural es aquél que se ocupa de lo que comúnmente se reconoce como cultura (literatura, arte, cine, teatro, música...). En cualquier caso -si aceptamos que todo es cultura y que el periodismo en general (por formar parte de ese todo y por referirse a él) es también cultura-, no habría que hablar de contradicción, sino de redundancia. O, si se me permite la lindeza, de pleonasmo.

2. Dice el Rufián: Unos encuentros de literatura privados donde veinte o treinta personas se dedican a debatir entre el bien y el mal.

Respondo yo: Una persona puede debatirse entre el bien y el mal, pero un grupo de personas, en este caso concreto, debatiría sobre el bien y el mal. Aclarado esto, no deja de hacerme gracia ese adjetivo, privados, escrito con unas resonancias tan hipercríticas. Que yo sepa, también son privados los congresos de medicina o las deliberaciones de los jurados del Cervantes, y nadie se escandaliza. Como vienen a serlo la mayoría de las actividades que se organizan en Pravia cuando la Asociación de Escritores de Asturias organiza allí sus jornadas.

3. Dice el Rufián: Me gustaría ver las actas de sus intervenciones, asistir como público (por cierto, sepan ustedes que no se puede asistir a tales eventos literarios que luego publican con posterioridad a bombo y platillo).

Respondo yo: Existe una página web donde uno puede consultar todo lo que quiera acerca de los Encuentros de Verines, incluidas las ponencias o intervenciones de los participantes. Para llegar a ella, basta con entrar en Google y teclear en la barra del buscador las palabras Encuentros de Verines (así, sin comillas ni nada). Supongo que el Rufián no tuvo tiempo de hacer la prueba o que, sencillamente, no se le ocurrió, pese a que parece estar muy interesado en el tema. En cuanto a que no se puede asistir como público, es cierto. Los Encuentros de Verines están concebidos como una reunión de profesionales que se dedican a debatir sobre sus cosas, por lo que no se trata ningún tipo de asunto que se pueda considerar de interés general. No obstante, quienes estén verdaderamente interesados pueden leer los textos completos de los invitados en la página cuyo enlace pueden encontrar unas líneas más arriba. La subordinada que luego publican con posterioridad a bombo y platillo me resulta del todo ininteligible (¿qué es lo que se publica? ¿Los Encuentros o la información sobre los mismos? ¿O querrá decir que los Encuentros se publicitan a bombo y platillo? Cuánta confusión...), así que no puedo hacer comentarios al respecto.

4. Dice el Rufián: Mas tarde, nos enteramos a toro pasado, quién a ido [sic.] (generalmente suele ser personas invitadas que con interés desinteresado hacen el articulito para: La Nueva España, Les Noticies y otros diarios regionales).

Respondo yo: En Les Noticies (es el semanario cuya sección de Cultura coordino) salió publicada, en la primera semana de septiembre -si no recuerdo mal-, una información sobre los Encuentros de Verines con la lista completa de invitados. Supongo que el Rufián no la leyó. Asimismo, me consta que Luis García Jambrina, organizador del evento, hizo llegar sendas notas de prensa a las redacciones de La Nueva España y El Comercio. No sé si ellos lo publicaron o no, pero la decisión, en ese caso, corría a cargo de los responsables de las secciones de Cultura respectivas, así que puede preguntarles a ellos directamente los motivos por los que no sacaron nada en sus periódicos. Como Tino Pertierra escribió un artículo para La Nueva España y yo hice lo propio para El Comercio (imagino que irá incluido en esos otros diarios regionales), debo aclarar que mi interés no fue en absoluto desinteresado (como él dice con ese hábil juego de palabras que haría las delicias de un profesor de Literatura de Primaria): cobré el artículo, como cobro todo lo que publico en prensa. Y si lo escribí fue porque me lo encargó María de Álvaro, jefa de la sección cultural del diario gijonés, cuando supo que iba a acudir a los Encuentros. Quiero decir que en ningún caso se me invitó a los mismos bajo la condición de que escribiese nada para nadie.

5. Dice el Rufián: Como ciudadano, me parece una vergüenza que actividades culturales tengan un carácter privado y las paguen: El Ministerio de Cultura, Principado y ayuntamientos de la región. Como escritor, en absoluto estoy de acuerdo con el concepto que se proyecta del artista: una persona elitista y ajena al mundo que le rodea, sin ningún tipo de contacto con la población que lo acoge.

Respondo yo: Ningún ayuntamiento pone un duro. El Principado de Asturias se limita a pagar una cena (lo que no creo que sea mucho, no sé cuántas subvenciones concede a la Asociación de Escritores de Asturias ni cuál es su cuantía), la Universidad de Salamanca pone la casona donde se celebran los Encuentros y entre ella y el Ministerio de Cultura corren con los gastos pertinentes. Respecto a lo del concepto del artista, no tengo mucho que añadir a lo que ya he dicho anteriormente: igual que un fontanero no pinta nada en un congreso de cirugía, tampoco pinta mucho la presencia de público en unos Encuentros que, por otro lado, giraron precisamente este año en torno al periodismo cultural, sus objetivos y su relación con los lectores (es decir, el mundo que le rodea).

6. Pregunta el Rufián: ¿Cuánto cuesta Verines a los ciudadanos?

Respondo yo: Bastante menos que las fiestas de Begoña o San Mateo, los Premios Príncipe de Asturias o cualquier gran concierto que se dé por estos pagos.

7. Pregunta el Rufián: ¿Cuanta gente exáctamente va a dichos encuentros?

Respondo yo: Si no recuerdo mal, este año éramos 23 invitados. También estaban Luis García Jambrina (organizador), Rogelio Blanco (director general del Libro), su chófer y dos chicas del Ministerio que desempeñaban labores de logística. Es decir, 28 personas.

8. Pregunta el Rufián: ¿Dónde está [sic.] las cuentas públicas de tal desembolso literario?

Respondo yo: Supongo que puede encontrarlas en los presupuestos del Ministerio de Cultura, la Universidad de Salamanca, el Principado de Asturias y la Fundación Príncipe de Asturias (que, al igual que el gobierno autonómico, nos invita a una cena). No creo que se los nieguen si los pide. Y una aclaración: el verbo estar, que es intransitivo, debe coincidir en número con su atributo.

9. Pregunta el Rufián: ¿Qué interés tiene una actividad cultural a la que practicamente ningún elemento del mundo literario asturiano participa [sic.] ni tampoco los ciudadanos del lugar?

Respondo yo: Me temo que ese a la que prácticamente ningún elemento del mundo asturiano participa (debería decir en la que prácticamente..., pero bueno) significa en realidad a la que a mí nunca me han invitado, pero esto no es más que una suposición personal. Por Verines han pasado, en estos 25 años y que yo recuerde ahora mismo, Xuan Bello, Ricardo Menéndez Salmón, Miguel Rojo o Vanessa Gutiérrez, entre otros muchos escritores asturianos. En esta edición éramos tres los asturianos participantes (Tino Pertierra, Luis García y un servidor). Si se tiene en cuenta que los Encuentros tienen una dimensión estatal y que se autodenominan Encuentros de Escritores y Críticos de las Lenguas de España, no está mal el cómputo de tres sobre veintitrés. Por otro lado, en Pendueles -la localidad llanisca donde se celebran los Encuentros- no debe de haber más de cincuenta vecinos, y no me parece que a ninguno le concerniese demasiado lo que podíamos hablar o no en la Casona. En cuanto al interés, es de necios pensar que estas cosas no sirven para nada. En Verines hubo ideas, hubo reflexiones, hubo (sobre todo) una constatación del desconcierto que resultó muy provechosa en muchos aspectos, y los frutos se irán dando con el tiempo. Se trataba de charlar tranquilamente, discutir y encontrar discrepancias y puntos en común. No íbamos allí para marcar paquete ni a mirar a ver quién la tenía más larga.

10. Dice el Rufián: Luego, vemos en la prensa regional los articulitos de turno, de lo bien que lo han pasado y lo mucho que han trabajado nuestros escritores o "periodistas privados", eso si, de forma privada, ocultando lo que se dice y se hace, una oscura forma de hablar de literatura pero con el dinero del resto.

Respondo yo: Si los artículos contaban lo bien que lo habíamos pasado y lo mucho que habíamos trabajado, sería que la privacidad no era tanta. Si las ponencias están disponibles en Internet (claro que esto él no lo sabía, ay) será porque tampoco hay demasiada opacidad en este asunto. Lo de la oscura forma de hablar de literatura y los periodistas privados es una idiotez tan grande que no merece mayor comentario. En cuanto al dinero del resto, todas las actividades que organizan las instituciones públicas se hacen con el dinero de todos, tanto los Encuentros de Verines como las carreras de Fernando Alonso por las calles de Oviedo (supongo que eso sí tendrá un valor intrínseco) o los conciertos de los Rolling Stones. El Rufián, que dice ser escritor, debería saber que la cultura no puede evaluarse en términos de rentabilidad práctica, pero si no ha llegado todavía a esa conclusión lo siento mucho, yo no tengo ninguna gana de explicárselo.

11. Sigue el Rufián: Una vergüenza, y lo peor de todo es no ver ningún artículo criticando el evento, sacando a debate algo que lleva sangrando en Asturias [sic.] más de veinticinco años.

Concluyo yo: A lo mejor es que no hay nada que criticar. Y en cualquier caso, no serían los Encuentros los que sangrasen en Asturias, sino que a Asturias la estarían sangrando los Encuentros. Un escritor que se precie no debería confundir sujetos y predicados, por la cuenta que le trae. Pero lo importante es que a Asturias nadie le sangra nada, porque -como ya he explicado- la Casona de Verines es propiedad de la Universidad de Salamanca y los Encuentros los financia el Ministerio de Cultura.

12. Concluye el Rufián: ...algunos reclamamos el derecho a la protesta: constructiva, alta y clara, sin acritud pero directa pues como dice el dicho: el calla otorga [sic.], y los dichos populares van siempre cargados de mucha razón.

Y remato yo: Me parece bien, siempre y cuando el que protesta constructiva y claramente sepa medianamente de qué está hablando. Cualquiera pueda dar su opinión, pero el que ésta sea o no respetable depende de lo fundada que esté. En cuanto al dicho popular, se escribe (y se dice) El que calla, otorga (con la coma incluida). Él lo ha transcrito tan mal que, justo al final de su entrada, se ha visto totalmente desprovisto de razones. Pobre...

12 comentarios:

Anónimo dijo...

¡No gastes balas con estos infelices llenos de frustraciones y envidias!
O.

Laudelino dijo...

O llama a Jambrina y que el próximo año invite al Rufián ¡Se muere de ganas, y tampoco cuesta tanto hacer feliz a un profesional de la mendicidad congresual!

Anónimo dijo...

"Y una aclaración: el verbo estar, que es intransitivo, debe coincidir en número con su atributo".

Y dos aclaraciones para usted, ya que estamos:

1. El verbo "estar" no es intransitivo, sino atributivo (o copulativo).

2. No tiene por qué concordar (éste el término exacto, no "coincidir") en número con el atributo. Así, por ejemplo, en la oración "Los que hablan de Gramática sin tener ni zorra idea son un descojone", el atributo "un descojone" no concuerda en número con el atributivo "son", ni falta que le hace.

Un saludo.

Miguel Barrero dijo...

1) Verbo intransitivo: El que se construye sin complemento directo (según la RAE, que son las siglas de la Real Academia Española de la Lengua, que es -igual no lo sabe- la que se ocupa de estas cosas).

2) En ese caso concreto, sí.

Y a modo de posdata, y volviendo a la RAE: "Coincidir: Dicho de una cosa: Ajustarse con otra".

De nada. Vuelva ud. cuando quiera, pero si quiere que el público en general lea sus inexactas aclaraciones, le ruego que haga el favor de dejar su ilustre firmita.

Un saludo.

S. F. dijo...

Escribe usted: "Los Encuentros de Verines están concebidos como una reunión de profesionales que se dedican a debatir sobre sus cosas, por lo que no se trata ningún tipo de asunto que se pueda considerar de interés general"
Respondo yo: De acuerdo: no se puede decir que los Encuentros de Verines sean de interés general. Me pregunto entonces: ¿Por qué se financian con dinero público (Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, del Ministerio de Cultura, y por la Universidad de Salamanca,con la colaboración del Principado de Asturias y la Fundación Príncipe de Asturias)?
Me dirá que las conclusiones alcanzadas lo merecen... Y no podré hacer otra cosa que ponerlo en duda.
Un saludo

Miguel Barrero dijo...

Bien. Como veo que no ha leído con demasiada atención mi entrada (aunque lo finja), paso a extraer dos fragmentos de dos párrafos:

"En cuanto al interés, es de necios pensar que estas cosas no sirven para nada. En Verines hubo ideas, hubo reflexiones, hubo (sobre todo) una constatación del desconcierto que resultó muy provechosa en muchos aspectos, y los frutos se irán dando con el tiempo. Se trataba de charlar tranquilamente, discutir y encontrar discrepancias y puntos en común. No íbamos allí para marcar paquete ni a mirar a ver quién la tenía más larga".

Y también:

"En cuanto al dinero del resto, todas las actividades que organizan las instituciones públicas se hacen con el dinero de todos, tanto los Encuentros de Verines como las carreras de Fernando Alonso por las calles de Oviedo (supongo que eso sí tendrá un valor intrínseco) o los conciertos de los Rolling Stones. El Rufián, que dice ser escritor, debería saber que la cultura no puede evaluarse en términos de rentabilidad práctica, pero si no ha llegado todavía a esa conclusión lo siento mucho, yo no tengo ninguna gana de explicárselo".

En cuanto a los porqués, he de aclarar que la Fundación Príncipe de Asturias es una institución privada. La Universidad de Salamanca tiene una partida presupuestaria anual que destina a lo que cree conveniente, y el Ministerio -que también financia cosas como el Premio Cervantes (cuya ceremonia de entrega también es privada) y subvenciona actividades "no públicas" de determinados colectivos del mundo del libro- participa, imagino, porque entiende que las conclusiones de los Encuentros (que no su desarrollo) tendrán alguna validez en el futuro. Por cierto, el Ayuntamiento de Pravia y el Principado de Asturias también invitan todos los años a sendas cenas, creo recordar, a los escritores que participan en las reuniones de la Asociación de Escritores de Asturias. Creo que no se podrían considerar precisamente "públicas", pero bueno...

Ah, y para la próxima ya no valen iniciales. Respeto su cobardía, pero quienes lean esto tienen derecho a saber qué mente preclara habita en tan sabias reflexiones.

Otro saludo.

Anónimo dijo...

Me entero, por un amigo, de esta polémica entre mi apreciado Rubén D. Rodríguez y mi desconocido Miguel Barrero a cuenta del Encuentro de Escritores de Verines.
Desde una entrada de su blog, Rubén criticaba la aportación de dinero público para un acto cerrado al público, como son esos Encuentros, y Miguel Barrero le ha respondido desde el suyo.

De esa larga respuesta, que se abre con un error gramatical (“Una de las cosas que menos me gusta…”), una parte está dedicada a censurar ciertos errores gramaticales de Rubén y otra a justificar los encuentros. Para no perder tiempo, me ocupo de esta justificación, que si he entendido bien puede reducirse a tres argumentos:


-Los encuentros de Verines están cerrados al público porque quienes allí participan hablan de cosas que sólo les interesan a ellos, no porque tengan nada que ocultar, y Barrero los compara con los congresos médicos y las deliberaciones secretas del jurado del Premio Cervantes. Además, añade que con dinero público se pagó una cena y poco más.
-Es muy discutible el interés general de otros actos pagados con dinero público, como puedan ser un concierto de los Rolling Stones o las fiestas patronales de San Mateo.
-En contra de lo que afirmaba Rubén, que negaba la existencia de actas, hay una página web en la que puede encontrarse toda la información que uno desee sobre los encuentros.

Vamos por orden, para no perdernos:

-Es alucinante la tranquilidad con la que mi tocayo Miguel Barrero reconoce que esos encuentros no tienen ningún interés para la inmensa mayoría de la sociedad que ha pagado la cena consiguiente.
-Ignoro cómo funcionan los congresos médicos. Ignoro si incluyen cenas, y si éstas se pagan con dinero público. Ignoro incluso si tiene algún sentido hablar así, en general, de “congresos médicos”. Ignoro también si Barrero ignora tanto como yo o está más enterado del asunto.
Lo que creo no ignorar es que a esos congresos pueden acudir, por lo general, todos aquellos especialistas que lo deseen mientras lo permita el aforo. Para entendernos: un cardiólogo puede asistir como público al congreso de turno sobre cardiología. En los encuentros de Verines no pueden entrar más escritores que los ponentes y cenantes.
(En medio de tanta beatería cultural, no me resisto a añadir, aunque sea entre paréntesis, una observación que me parece evidente: los beneficios que la sociedad puede extraer de un congreso de cardiología son infinitamente mayores que los que pueda proporcionarle un encuentro literario cerrado al público).
- Al jurado del Cervantes no se le paga por deliberar, sino por fallar, y su fallo es público.
- Los conciertos de los Rolling Stones o los festejos de San Mateo, pagados con dinero público, están abiertos al público que los ha pagado. Los encuentros de Verines, no.
- He visto la página web enlazada por Barrero. En ella se cuelgan algunas (sólo algunas) de las ponencias que los escritores allí reunidos se leyeron los unos a los otros. No veo por ninguna parte un debate, unas preguntas, unas conclusiones o cualquier otro tipo de intercambio intelectual que justifique unos encuentros con sus consiguientes cenas. Sólo veo unos textos que podrían haberse colgado directamente en esa misma página web, desde donde irradiarían igualmente sus benéficos efectos sobre la sociedad que ha pagado la cena.

Por último, quisiera aclarar que nada de lo que digo, y creo que nada de lo dicho por Rubén, debe entenderse como una crítica al señor Barrero ni a ningún otro participante de esos encuentros. En mi opinión, si la Administración ha querido pagarles con dinero público una cena privada, han hecho estupendamente aprovechando la ocasión. Yo mismo me he aprovechado, alguna que otra vez, y en estos momentos de crisis no está la cosa para hacerle ascos a ningún regalo. Lo que sí puede y debe criticarse es la decisión de esa Administración.

Miguel Postigo

Miguel Barrero dijo...

Yo sí conozco a Miguel Postigo. Cuando publicó su libro "Precipitados" (un buen libro, por cierto) le llamé por teléfono con la intención de hacerle una entrevista para Les Noticies. Se negó. No mucho después leí una crítica muy elogiosa (y había razones para que lo fuera) acerca de ese misma obra que se publicó en La Nueva España y venía firmada por... Rubén Rodríguez. Sirva esto a modo de introducción.

Aceptada su corrección (y obviado su "para no perder tiempo" para no cebarme en demasía), paso a responder brevemente. Contra lo que parezca, no me gusta sembrar polémica y -la verdad- todo esto ya me está cansando un poco.

a) Me da que nadie se ocupa de leer con atención mis argumentos, porque sí bien he dicho que los Encuentros de Verines concluyen con unas conclusiones y éstas sí resultan interesantes (y más o menos han quedado reflejadas en los medios de comunicación que se hicieron eco de las reuniones o se preocuparon de preguntarle a cualquiera de los participantes; ignoro si el sr. Postigo los ha leído), pero eso de ningún modo justifica la presencia de público en unos Encuentros organizados, fundamentalmente, para establecer un debate entre personas con una dedicación común. En cuanto a la "tranquilidad" con la que "reconozco" que no tienen "ningún interés para la mayoría de la sociedad", el sr. Postigo estará de acuerdo conmigo en que a la sociedad en su conjunto le interesa más bien poco la literatura (y mucho menos el periodismo cultural), por no decir casi nada.

b) Bien. Evitaré el ejemplo de los congresos para buscar algo más próximo que quizás resulte más inteligible al sr. Postigo. En los encuentros de la Asociación de Escritores de Asturias (que presidió durante dos años su apreciado Rubén Rodríguez), el Ayuntamiento de Pravia -localidad que acoge las actividades- y el Principado de Asturias (si no recuerdo mal) pagan sendas cenas tanto a los miembros del colectivo como a los autores invitados por la junta directiva, cuya estancia también se paga, al menos en parte, con dinero público. Me extraña muchísimo que un gesto tan común como el que unas instituciones inviten a comer o a cenar a los participantes en una actividad que se desarrolla dentro de su cause tanto revuelo, pero en fin...

Miguel Barrero dijo...

c) Yo también estoy de acuerdo en que los beneficios que la sociedad puede adquirir de un congreso de cardiopatía son mucho mayores que los que puede obtener de un congreso de escritores. Básicamente, porque los congresos de escritores (e incluyo los de la AEA) sólo suelen interesar a los propios escritores. Así que, indirectamente, el sr. Postigo me da la razón en aquella cuestión que tanto parecía escandalizarle y de la que me he ocupado en el punto a).

d) A los participantes en Verines se nos pagaba por ir, hablar, debatir y desarrollar unas conclusiones, si es que llegábamos a ellas. Cumplimos con todo. Quien quiera informarse, no tiene más que ponerse manos a la obra.

e) Yo no discuto el interés general ni de San Mateo ni de los Rolling Stones. Simplemente dije que los Encuentros de Verines costaban "bastante menos" que cualquiera de esas dos cosas, lo que no deja de ser cierto. No todas las actividades de las fiestas patronales pagadas por el público están abiertas a ese público (porque el dinero se va en muchas cosas, a lo mejor en más de las que imagina), y normalmente quien acude a un concierto de los Rolling Stones (cuyo coste ya ha pagado con sus impuestos) tiene que pagar de nuevo al adquirir una entrada.

f) Es cierto que en la página web de los Encuentros de Verines no están todas las ponencias. Supongo que porque sus autores no las han remitido todavía al Ministerio. Sin embargo, puede comprobar con sólo echarle un vistazo que ni los Encuentros son tan "opacos" u "oscuros" como su admirado Rubén Darío pretendía ni ocupábamos el tiempo en otra cosa que no fuera leer y discutir lo que allí está escrito.

Y sí, son tiempos de crisis y nunca viene mal cenar gratis. Los participantes en Verines llevan cenando gratis durante 25 años, y aunque el sr. Postigo no interprete el texto de su admirado Rubén Rodríguez como una afrenta hacia mi persona ni hacia la de Tino Pertierra (supongo que las menciones a La Nueva España y Les Noticies y a los artículos aparecidos en la prensa asturiana serán pura casualidad), no deja de sorprenderme que se haya escandalizado precisamente este año. Estoy dispuesto a criticar cualquier gasto excesivo de cualquier Administración, pero el sr. Postigo sabe sin duda que la cultura sólo se lleva las migajitas del pastel, y que las Administraciones suelen incurrir en despilfarros mucho mayores que nadie -ni él mismo- se ha ocupado nunca de denunciar y que son bastante más graves que el invitar a un grupo de escritores a una cena. Lo que no deja de ser, por otro lado, una simple cuestión de cortesía.

Un saludo

José Manuel García dijo...

Amén, señor Postigo.
Un cardiólogo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por lo elogios a mi mal libro y muchas gracias, sobre todo, por tomarse la molestia de responder a ese post interminable que he colgado.

Tampoco yo tengo especial interés en continuar esta polémica, que por otra parte ni me va ni me viene. Creo que tanto mis argumentos como los suyos han sido expuestos con razonable claridad, que es de lo que se trata.

Los míos, en concreto, se limitaban a mostrar mi extrañeza ante el hecho de que un acto cultural pagado con dinero público estuviera cerrado al público que lo ha pagado, pero quizá esto sea algo habitual y el problema está en mí, que ando un tanto desconectado del mundillo literario últimamente.

Déjeme reiterarle mi gratitud por su amabilidad y reciba un cordial saludo de

Miguel Postigo

Anónimo dijo...

Otra apostilla. Estos días se recuerdan los encuentros literarios de Formentor, que (espero no equivocarme) no fueron abiertos al público y de los que no existen actas oficiales. Y sin embargo, ¡qué huella tan perdurable han dejado en la cultura española, en forma de actas personales (citemos, por ejemplo, cierto poema de Gil de Biedma) y en forma de testimonios intelectuales, de encuentros editoriales que luego fueron muy fructíferos, de debate que acabó trasladándose a la literatura española, etc!
A veces, un acontecimiento no se mide por su repercusión inmediata sino por sus consecuencias, por la reflexión que genera (que se filtra al conjunto de la sociedad poco a poco), por alcances que todos los que estamos en el mundo de la literatura sabemos que se producen a largo plazo. Es una inversión en el debate, en el pensamiento, en el intercambio de ideas. Y, a veces, ese intercambio tiene que ser a puerta cerrada, es decir: entre los escritores y los artistas. Para que se cree ese ambiente de reflexión propicio.
Admitido esto (si se admite), la cuestión del dinero público es mezquina. El coste de una actividad como esta es ínfimo en comparación con sus beneficios y repercusiones, su necesidad: que exista. No creo que la repercusión pública de los encuentros de Pravia sea mayor (al menos de la parte de debates entre escritores) y nadie pone en duda (o yo no la pongo) su necesidad. Y el coste por ahí se andará. Y cenas, en ambos sitios se celebran.
Yo soy amigo de Miguel y de Rufián. Aquí no opino por amistad. Pero pienso que hay que sumar y no restar. Lo que pasa es que no he visto a los participantes de Verines criticar a Pravia y me jode ver a los Pravia criticar a los de Verines. Veo ahí un cainismo letal y una pequeñez de miras y una mezquindad que son lo último que necesita la literatura. Por favor.
Y, a fuerza de ser pesado y para que no se digan más tonterías, declaro que yo he ido a Pravia a menudo (y a otros sitios parecidos), que nunca he ido a Verines y que mi nombre es José Luis Piquero y jamás firmo anónimos.
Saludos cordiales:
JLP
(Esta entrada la cuelgo en ambos blogs).