Como sabrán, Juan Marsé dio la semana pasada una entrevista a El Cultural con motivo del acto de recepción del Premio Cervantes correspondiente a este año -que se celebró esta mañana en Alcalá de Henares- en la que declaró que el problema del cine español es, fundamentalmente, la falta de talento. Puede pensarse que cada uno tiene que estar a lo suyo, y que un escritor no es nadie para meterse a juzgar la labor de los cineastas, pero sus palabras venían al caso porque en los últimos veinte años ha visto cómo algunos de sus libros eran trasladados a la gran pantalla con más pena que gloria. La mayoría de esas adaptaciones (posiblemente todas, aunque no estoy seguro) tuvieron como director a Vicente Aranda, que se ha sentido bastante agraviado y le respondió ayer desde el Festival de Cine de Málaga, por donde anda no sé si presentando algo o haciendo de jurado. Independientemente de la opinión que me merece su filmografía (que no es muy buena), sus palabras me han demostrado que el cineasta no tiene demasiadas luces que se diga. He aquí algunas perlas, a las que voy -humildemente- a dar respuesta:a) En el cine español sí tenemos figuras internacionales, pero los novelistas no.
Si tenemos en cuenta que el cine es un arte extremadamente joven en comparación con la literatura -que le saca varios siglos de diferencia-, y si tenemos en cuenta que aquél a quien se considera unánimemente el mayor escritor de todos los tiempos nació precisamente en Alcalá de Henares en 1547, la afirmación es un tanto desafortunada. Pero si profundizamos un poco más y buscamos autores que han merecido a lo largo de la Historia el respeto de lectores y estudiosos de fuera de nuestras fronteras, podríamos elaborar una larga lista que arrancaría, por ejemplo, de Lope y Calderón y en la que figurarían Leopoldo Alas Clarín o el anónimo autor del Lazarillo hasta llegar a nombres más actuales como los de Federico García Lorca o Antonio Machado. De los escritores de hoy mismo -nótese que me estoy refiriendo sólo a los españoles, porque si me desplazase también a Sudamérica el listado sería aún mucho mayor-, creo recordar que Javier Marías había vendido hasta hace poco dos millones de ejemplares de sus novelas en toda Europa (lo que no es poco), y si nos da por meternos en el barrizal de los best sellers, por ahí andan los traducidísimos Carlos Ruiz Zafón o Ildefonso Falcones. Y, cambiando de tercio, no está de más recordar que, según dicen, la recientemente fallecida Corín Tellado llegó a tener cuatrocientos millones de lectores en España y Sudamérica. No creo que ningún director español haya llegado a esas cifras de audiencia.
b) Una película siempre será mejor que una novela.
Generalizar no es nada bueno, y esta frase dicha así -y así aparece transcrita en todas las fuentes que he consultado, luego así debió de decirla- resulta, con perdón, una absoluta estupidez. Comparar una película -cualquier película- con una novela -cualquier novela- es tan absurdo como equiparar un coche con una manta eléctrica o dilucidar si la prosa de Benet vale más o menos que la poesía de Goytisolo. No se pueden equiparar -en términos cualitativos, al menos- dos elementos que pertenecen a categorías distintas, sencillamente porque no tienen nada que ver. Seguro que el propio Aranda podría poner ejemplos de novelas excelentes y películas infumables, o viceversa. Quiero creer que, en este caso y en este supuesto, o no pensó lo que decía o no dijo exactamente lo que pensaba.
La otra posibilidad -la de que se refiera a las películas basadas en novelas- tampoco le deja muy bien parado. Rara vez la adaptación cinematográfica de una novela suele dar la talla, precisamente porque la novela tiene unos códigos muy determinados que el cine no comparte o comparte sólo a medias. Los grandes directores -y hay casos que lo demuestran- son aquellos que han sabido interpretar el código literario en el cinematográfico sin que se noten las fisuras o divergencias entre ambos. De una buena novela puede nacer una película buena o mala. De una mala novela, exactamente lo mismo. Lo importante no es, en este caso, el lenguaje, sino el talento del director. En el cine español hay grandes películas inspiradas en libros (Los santos inocentes, El bosque animado...), pero también auténticos bodrios que tomaban la literatura como punto de partida (Tiempo de silencio, La pasión turca...). Rara vez, eso sí, las películas llegan a superar del todo o las novelas porque el cine, dada su propia naturaleza artística, carece de la facultad de verbalizar los pensamientos, que son -a fin de cuentas- los que hacen que una novela sea o no memorable.
c) [El montaje] nos lleva a la reducción y a la capacidad de síntesis, que es algo muy importante que no tienen los escritores. Escriben y no dejan de escribir. Escriben muchas descripciones inútiles y situaciones que no son necesarias. Ellos escriben de todo...
Probablemente Aranda no ha meditado mucho sus propias películas, porque si un servidor recuerda joyas como El amante bilingüe, Celos o La pasión turca advierte que en algunos casos no es que sobrase metraje, sino que casi hasta estaba de más la película entera. No es el único caso. Cineastas como el último Garci o el siempre genial Víctor Erice, por poner dos ejemplos, gustan de recrearse en descripciones inútiles y situaciones innecesarias (los cursivados, como habrán percibido, no son casuales), de la misma manera que hay escritores que, lejos de regodearse en su propia prosa, prefieren ir directos al grano y resolverlo todo en el menor espacio posible. No tiene nada que ver con montajes ni con economías (escribir es barato,y hacer cine no, dijo Aranda en otro momento de su gloriosa rueda de prensa), sino con un concepto muy distinto. Se llama estilo.
d) Mucho menos talento [que los cineastas] tienen los novelistas.
Aparte de que el director cae en la trampa al hacer esta aseveración (los novelistas tienen mucho menos talento que los cineastas, luego éstos tienen ya poco talento de por sí), vuelve a incurrir en el error de generalizar por donde no se debe. Hay cineastas con mucho talento, de acuerdo, pero también hay otros que hacían mejor en dedicarse a cualquier otra actividad, a poder ser no relacionada con el arte. De la misma manera, hay novelistas excelentes y otros que merecerían ver cerradas las puertas de todas las editoriales del mundo. Están Buñuel, sí, y Sánchez Ferlosio, pero también Mateo Gil y Lucía Etxebarría. Así que tampoco tanto, señor Aranda. Ni tan calvo.
2 comentarios:
La verdad es que las declaraciones son una auténtica antología del disparate. No son ni dignas de una respuesta tan rotunda. Y gracias por recordarme que al susodicho le debemos, entre otra joyas, "La pasión turca"... por si quedaba alguna duda.
Muy buen contestado. Con su filmografía, debería estar calladito. Pero no: encima chulo. Vaya majadero.
Un abrazo:
JLP
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