sábado 28 de marzo de 2009

'Los últimos días de Michi Panero': La Gaceta de los Negocios

Miguel Barrero: "El fracaso es necesario para seguir adelante"

El escritor afirma que "tenemos la mala costumbre de ponernos expectativas demasiado altas"



Tras sus comienzos literarios en Asturias, Miguel Barrero (Oviedo, 1980) ha dado el salto al mercado nacional con la novela Los últimos días de Michi Panero. En ella, un escritor en decadencia se traslada a Astorga, ciudad de los Panero. Y es la historia de esa familia la que sirve al protagonista para reflexionar sobre la evolución de España en la Transición, la derrota y el desencanto.

Ha preferido a Michi sobre sus hermanos Leopoldo María y Juan Luis, mucho más famosos.
Siempre me ha parecido el más literario de los tres hermanos. Quizá por su rechazo explícito del mundo literario pese a ser un escritor muy estimable, y pese a que su apellido le habría abierto muchas puertas.


¿Por qué se fijo en él?

Por el paralelismo que podía establecerse entre su trayectoria vital y la trayectoria política o ideológica de su misma generación. Partió de la euforia causada por la muerte de Franco y la Transición, y acabó sumida en el desencanto de unos ideales expoliados por quienes más debían haberlos defendido.

La familia Panero parece de una época pasada, pero sigue despertando interés en los jóvenes.
Los grandes temas no tienen fecha de caducidad, y la intrahistoria de los Panero resulta tan apasionante que dudo que nadie pueda acercarse a ella sin acabar sintiéndose atraído por todo lo que encierra. Desde el asesinato del padre que los tres hermanos llevan a cabo en la película El desencanto de Jaime Chávarri, a la búsqueda de la soledad que llevó a un Michi moribundo a buscar refugio en las calles de Astorga.

A los otros hermanos no les fue mejor, pero se han convertido también en símbolos.
El hecho de que se desnudaran anímicamente en las dos películas que protagonizaron fue lo que acabó por darles ese carácter casi mítico que hoy se les reconoce. Tal vez por el modo en que se erigieron en símbolos de conflictos y traumas que este país tenía pendientes.

Ricardo Estrada, el protagonista, podría describirse como el hombre que casi conoció a Michi Panero.
El desencuentro entre Estrada y Panero tiene más que ver con la intención de construir una nueva alegoría de ese sentimiento de tristeza o melancolía o derrota que sobrevuela todo el libro. Cuando viaja a Astorga y descubre que Michi está pasando allí sus últimos días no hace esfuerzos por conocerle. Se limita a dejar que las cosas ocurran porque sabe que apenas queda posibilidad de intervención.

Tanto él como Michi Panero tienen el fracaso y el desencanto por bandera.

Ambos resultan necesarios muchas veces para seguir adelante. No creo que nadie pueda eludirlos si le llegan en algún momento de su vida. Quizá porque tengamos la mala costumbre de ponernos expectativas demasiado altas. O quizás porque el mundo sea un lugar más injusto de lo que nos merecemos.

La idea de la novela le surgió después de una conversación con el cantante Nacho Vegas.

Le pregunté de dónde había sacado el título de la canción El hombre que casi conoció a Michi Panero. Me dijo que había conocido a un amigo suyo en Astorga. Luego le conocí yo, por casualidad, y eso me dio pie a encontrar el paralelismo entre la biografía de Michi y la de su generación.

Texto: Álvaro Pérez
Fuente: La Gaceta de los Negocios, 28-29 de marzo de 2009