sábado 21 de marzo de 2009

José Agustín Goytisolo

Recuerdo el día que me enteré de la muerte de José Agustín Goytisolo. Yo estaba ante la taquilla del Teatro Jovellanos, en una larga cola que avanzaba a paso de tortuga, y para no aburrirme me entretenía echando un vistazo al periódico que estaba leyendo el hombre que me antecedía en la fila. Cuando llegó a la sección de Cultura, la noticia estaba allí, en primera página: el poeta de los 50, el tipo que había escrito algunos poemas que habían ido llegando a mis ojos en los años anteriores, había fallecido el día anterior en Barcelona. Me costó asumir que el autor de un texto tan bello y esperanzador como Palabras para Julia hubiese acabado sus días precipitándose desde la ventana de su domicilio (un mero eufemismo, supongo, para no llamar por su nombre a lo que todos intuímos entonces), y lamenté profundamente que ya no cupiera esperar más entregas de quien había sido uno de los nombres más señeros de la llamada escuela de la experiencia. Ahora me entero de que se cumplen diez años de su muerte (a veces pienso que el tiempo está continuamente adelantándome por la izquierda), y con esa (bendita) excusa la editorial Lumen acaba de reeditar su poesía completa. Aún no está en mis manos, pero como me conozco imagino que no tardaré mucho en hacerme con ella.

El caso es que desde hace tiempo me viene a la cabeza, de forma recurrente, un poema de Goytisolo que leí por primera vez con catorce o quince años y que no entendí hasta algo después, pese a que todo queda muy claro. Es éste:

En tiempos de ignominia

En tiempos de ignominia como ahora
a escala planetaria y cuando la crueldad
Se extiende por doquier fría y robotizada
Aún queda buena gente en este mundo
Que escucha una canción o lee un poema:
Es el canto la voz y la palabra: única patria
Que no pueden robarnos ni aun poniéndonos
De espaldas contra el muro.
Que nadie piense nunca:
no puedo más y aquí me quedo. Mejor mirarles
a la cara y decir alto: tirad hijos de perra
somos millones y el planeta no es vuestro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tengo que rectificarte. Goytisolo no se suicidó. Esto es algo suficientemente probado. Fue un accidente. La familia lo ha explicado por activa y por pasiva pero el bulo es obstinado y se sigue con eso, erre que erre. No te hagas eco de esa falacia tú también.
Poco antes de su muerte participé con Goytisolo en una mesa redonda en la que también estaba alguien que moriría muy pronto, Emilio Alarcos. Así que recuerdo aquel acto con melancolía y tristeza.
Pero la poesía queda, aunque sea un tópico decirlo. Y Goytisolo era un gran poeta que perdurará. Me uno a tu evocación.
Un abrazo:
JLP

Iñaki dijo...

10 años ya! Madre mía!
Yo también recuerdo la noticia. Para mi, junto a Jaime Gil de Biedma, el más grande.

Salut!